concilio

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concilio

(Del lat. concilium, reunión, asamblea.)
1. s. m. RELIGIÓN Asamblea de obispos y de teólogos que, de acuerdo con el papa, decide sobre cuestiones de doctrina y de disciplina eclesiástica.
2. RELIGIÓN Colección de los decretos de esta asamblea.
3. Reunión de personas para tratar algún asunto.
4. concilio ecuménico o general RELIGIÓN Aquel en que se reúnen todos los obispos de la Iglesia católica.
5. concilio nacional RELIGIÓN El de los obispos de un país.
6. concilio provincial RELIGIÓN El que reúne a los obispos de una provincia eclesiástica.

concilio

 
m. Junta o congreso, esp. de eclesiásticos, para deliberar y decidir sobre materias de dogma y disciplina.
catol. concilio ecuménico Junta de todos los obispos de la Iglesia legítimamente convocada.

concilio

(kon'θiljo)
sustantivo masculino
1. junta de personas para discutir diversos temas Los líderes de los partidos se reunieron en concilio para presentar propuestas.
2. religión asamblea de autoridades eclesiásticas católicas para tratar temas de fe El Concilio Vaticano II se inauguró en 1962.
reunión mundial de todos los obispos convocados por el Papa El primer concilio ecuménico fue convocado en Nicea.
Sinónimos

concilio

sustantivo masculino
Traducciones

concilio

council

concilio

Rat

concilio

conseil

concilio

совет

concilio

raad

concilio

conselho

concilio

المجلس

concilio

rada

concilio

Съвет

concilio

理事会

concilio

理事會

concilio

Rada

concilio

Rådet

concilio

המועצה

concilio

審議会

concilio

협의회

concilio

Rådet

concilio

SMcouncil
el Segundo Concilio Vaticanothe Second Vatican Council
Ejemplos ?
Por todo ello, a sus dieciséis años, el joven estudiante habría podido enfrentarse en teología mística a un padre de la Iglesia, a un padre de los concilios en teología canónica y en teología escolástica a un doctor de la Sorbona.
Demás de esto concedemos que las sobredichas mujeres, juntamente con otras cuatro extrañas que eligieren, como sean honestas, puedan una vez al mes entrar en la clausura de los monasterios de monjas, por todo el día, y conversar y comer con las monjas, con tal que no hagan noche en dicha clausura; para cuyo fin les concedemos nuestra Apostólica bendición, facultad y licencia, no obstante cualesquiera prohibiciones Apostólicas ó de Concilios Generales...
A esto tienden los diligentes trabajos de cada uno de los Obispos, a esto las leyes y decretos promulgados de los Concilios y en especial la cotidiana solicitud de los Romanos Pontífices, a quienes como a sucesores en el primado del bienaventurado Pedro, Príncipe de los Apóstoles, pertenecen el derecho y la obligación de enseñar y confirmar a sus hermanos en la fe.
Y cuando la plenitud del poder vino a manos de los emperadores cristianos, los Sumos Pontífices y los obispos reunidos en los concilios prosiguieron, siempre con igual libertad y conciencia de su derecho, mandando y prohibiendo en materia de matrimonios lo que estimaron útíl y conveniente según los tiempos, sin preocuparles discrepar de las instituciones civiles.
Concede el pase o retiene los decretos de los concilios, las bulas, breves y rescriptos del Sumo Pontífice de Roma con acuerdo de la Suprema Corte, requiriéndose una ley cuando contienen disposiciones generales y permanentes.
Nadie ignora cuántas instituciones, frecuentemente muy en desacuerdo con las disposiciones imperiales, fueron dictadas por los prelados de la Iglesia sobre los impedimentos de vínculo, de voto, de disparidad de culto, de consanguinidad, de crimen, de honestidad pública en los concilios Iliberitano(37), Arelatense(38), Calcedonense(39), Milevitano I I(40) y otros.
Y así, aun en los Concilios que se han celebrado en este Reino, jamás se ha abierto la puerta, viendo su incapacidad, a que haya indio clérigo, como los hay entre los negros, ni que las excomuniones los comprendan ni el Santo Oficio conozca de ellos.
Y, en verdad, el conocimiento y ejercicio de esta saludable ciencia, que fluye de las abundantísimas fuentes de las diversas letras, Sumos Pontífices, Santos Padres y Concilios...
También los Concilios Ecuménicos, en los que brilla la flor de la sabiduría escogida en todo el orbe, procuraron perpetuamente tributar honor singular a Tomás de Aquino.
Tal es la antigua y constante creencia de la Iglesia definida solemnemente por los concilios de Florencia y de Trento, confirmada por fin y más expresamente declarada en el concilio Vaticano, que dio este decreto absoluto: «Los libros del Antigo y del Nuevo Testamento, íntegros, con todas sus partes, como se describen en el decreto del mismo concilio (Tridentino) y se contienen en la antigua versión latina Vulgata, deben ser recibidos por sagrados y canónicos.
Siendo evidente que Dios quiere de una manera absoluta en su Iglesia la unidad de la fe, y estando demostrado de qué naturaleza ha querido que fuese esa unidad, y por qué principio ha decretado asegurar su conservación, séanos permitido dirigirnos a todos aquellos que no han resuelto cerrar los oídos a la verdad y decirles con San Agustín: «Pues que vemos en ellos un gran socorro de Dios y tanto provecho y utilidad, ¿dudaremos en acogernos en el seno de esta Iglesia que, según la confesión del género humano, tiene en la Sede Apostólica y ha guardado por la sucesión de sus obispos la autoridad suprema, a despecho de los clamores de los herejes que la asedian y han sido condenados, ya por el juicio del pueblo, ya por las solemnes decisiones de los concilios...
En los Concilios de Lyón, de Viene, de Florencia y Vaticano, puede decirse que intervino Tomás en las deliberaciones y decretos de los Padres, y casi fue el presidente, peleando con fuerza ineluctable y faustísimo éxito contra los errores de los griegos, de los herejes y de los racionalistas.