Ejemplos ?
«La entrada del camino es ardua, y en ella por la mañana apenas pueden afirmar los pies los caballos por ser altísima, en medio del cielo, de donde el mirar las tierras y el mar me causa temor, palpitando el pecho con miedo.
Y ya pisa de las márgenes La arena blanca y menuda, Ya toca al agua, y parece Que consigo misma lucha, Y vuelve do quiera el rostro Con miedo, y se ve que oculta Incomprensible designio Cuya ejecucion la angustia.
Mas en tanto el viento arrecia, revienta el cóncavo trueno, y se desgaja de lleno el espantoso turbión; la calle se inunda en agua, la noche cierra, y los hombres invocan los santos nombres con miedo en el corazón.
¡En vano! Estaban todos tres cortados, se miraban unos a otros con miedo. ¡Si algún pensamiento poco honesto, que lo dudo, había ocupado jamás a aquellos tres espíritus sencillos, no había sido ciertamente comunicado entre ellos, pues en todas sus relaciones había reinado siempre la castidad más perfecta!
Tronando de un modo espantoso, despidió un ardiente rayo para que cayera en el suelo delante de los caballos de Diomedes; el azufre encendido produjo una terrible llama; los corceles, asustados, acurrucáronse debajo del carro; las lustrosas riendas cayeron de las manos de Néstor, y éste, con miedo en el corazón, dijo a Diomedes: —¡Tidida!
Mas, tan pronto como aquéllos respiren, refugiados dentro del muro, entornad las hojas fuertemente unidas; pues estoy con miedo de que ese hombre funesto entre por el muro.
Y ahora id enseguida a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis." Ya os lo he dicho. 28.8. Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos. 28.9.
(65) Y aqui se cruzan suspiros, Y alli se truecan palabras, Allá se quedan con miedo Y acullá con esperanza Reconoce una su lazo Carmesí, y otra su banda, Uno recuerda un cintillo Y otro un cífra bordada.
DOÑA ANA 35 (Aparte.) Ven aquí cómo este enredo se me ha hecho sin sentir. DON JUAN ¡Ay ingrata!, como es cierto que el que ofende ve con susto, con sobresalto y con miedo la cara del ofendido.
Y acuérdome que, estando el negro de mi padre trebejando con el mozuelo, como el niño vía a mi madre y a mí blancos, y a él no, huía dél con miedo para mi madre, y señalando con el dedo decía: “¡Madre, coco!”.
-¿No queréis que corra apriesa y con miedo -respondió el hombre-, si por milagro me he escapado de una compañía de bandoleros que queda en ese bosque?
Y mientras se hacen éstos o parecidos comentarios entre la gente, va pasando la cabaña y entrando en el gran cercado, hasta que llegan, cerrando la marcha, el toro, los terneritos, los perros y los pastores; el toro con sus ojeras blancas sobre una cara negra y lustrosa como el terciopelo, ondeando con cierta vanidad la piel, que casi le arrastra, de su robusto cuello; los becerritos con su pelo rizoso y bermejo y su carita expresiva, pisando con miedo...