Ejemplos ?
Enfrente de él, ante una gran taza de café con leche, una mujer meditaba a la orilla de aquel mar ceniciento, con los ojos pardos muy abiertos, las cejas muy pobladas, de arco de Cupido, en tirantez nerviosa, como conteniendo el peso de pensamientos que caían de la frente.
Calabazas y melones, ::para los hombres bobalicones. ::¡Y eche usted, eche, ::café con leche! Corrido don Lesmes abandonó el terreno, tosiendo gordo y refunfuñando, y en dos zancajadas colose en el primer garito que encontró al paso.
Pasaron al aposento de las muchachas, donde se vio a aquellas ocho sultanitas desnudas presentando tazas de café negro; entonces el duque preguntó a Durcet, director del mes, por qué había café negro por la mañana. —Será con leche cuando queráis —dijo el financiero—.
Toma en tus manos estas ofrendas funerarias y mis cabellos, y yendo á la tumba de Clitemnestra, derrama en ella miel mezclada con leche y espuma de vino, y erguida en lo alto del túmulo, di esto: «Tu hermana Helena te ofrece estas libaciones funerarias, sin osar acercarse á tu tumba porque se lo impide el terror que le infunde la muchedumbre argiana.» Y pídele benevolencia para mí, para ti, para mi marido y para estos dos desventurados á quienes ha perdido un Dios.
uando Zeus hubo acercado a Héctor y los teucros a las naves, dejó que sostuvieran el trabajo y la fatiga de la batalla; y desviando de los mismos los ojos refulgentes, miraba a lo lejos la tierra de los tracios, diestros jinetes; de los misios, que combaten de cerca; de los ilustres hipomolgos, que se alimentan con leche; y de los abios, los más justos de los hombres.
Al escándalo que se armó asomaron las vecinas; y un mocosuelo, que pasaba por hijo del sacristán de la parroquia, se puso a cantar con mucha desvergüenza y a repicar con unas piedrecitas: ::«Calabazas y pepinos, ::para los niños zangolotinos. ::¡Y eche usted, eche, ::café con leche!
Para colmo de mi angustia, llegó el arroz con leche, plantándoseme delante un plato sopero encogollado «para mí solo.»-«Y en acabándole, aquí tienes más» -añadió mi tía con una sonrisa muy cariñosa, pero que me hizo temblar, horrorizado, al ver la enorme fuente que señalaba con el dedo, colocada en el centro de la mesa.-Afortunadamente, con la idea, nada más, de echarme al coleto tanto engrudo, entráronme unos sudores, fríos como los de la muerte, levantéme tambaleándome, llegué al corral...
Luego vi que era imposible persuadir a aquellas benditas almas de que puede un hombre hartarse una vez de sopa de fideos, de gallo en pepitoria y de arroz con leche.
Y tenía tan apretadas carnes que, según afirmaba su marido, era difícil, cuando no imposible, pellizcarla. Su pelo era rubio como el oro, y sus mejillas parecían amasadas con leche y rosas.
Habíamos corrido todo el día en el gimnasio, éramos sanos, los firmes dientes estaban habituados a romper la cáscara del coco y triturar el confite de Córdoba, el sábalo había tenido un éxito de respeto, debido a su edad; sin embargo, ¡jamás vencimos la córnea defensa paquidérmica del asado de tira! Cerraba la marcha, con una conmovedora regularidad, ya un plato de arroz con leche, ya una fuente de orejones.
Nel, mi compañero, pensó que se le había pegao el mal; pero too ello resultó ser una atracá de arenques con leche; rompió a las tres horas, y no tuvo otro aquel.
El desayuno es café con leche: viene invariablemente frío; la leche, mal hervida y con piltrafas de nata; la concha de manteca, rancia, comprada de cuatro días atrás, y en cuanto al té..., cuando pienso en aquéllos de antes, tan coquetones, con pastas delicadas, con servicio elegante, con la plata reluciente..., vamos, me entra una rabia, que haría alguna barbaridad, una grosería...