Ejemplos ?
Es una noche de marzo Turbia por demás y lóbrega, En que con ira los vientos Desencadenados soplan, Desiertas están las calles De Medellin, y en la sombra Todo solitario yace Todo tranquilo reposa, Solo el silencio interrumpe La voz destemplada y bronca Del ábrego que se estrella Contra las murallas sólidas Y el ágrio son con que giran En las ahuzas mohosas Las veletas al impulso De las ráfagas sonoras.
No, no hay duda: Al ver de don Gil la letra El cruel destino penetra Reservado para él; Y sintiendo la conciencia Que le despedaza el pecho, Dijo de pronto: «Esto es hecho.» Y asió con ira el cordel.
Mas si desvanecerle o perturbarle pudo, o darle el triunfo vértigos de olímpica embriaguez; si altivo con los unos, fué ingrato con los otros, y a algunos vió con ira, y a algunos con desdén, de la flaqueza humana no había nacido exento; y al ajustarle cuentas, en cuenta hay que tener que fueron sus proezas mayores que sus faltas, que en pro de España todas las hizo; que por él en la mitad del mundo se habla hoy en castellano (y la mitad del mundo no es una media nuez); y que cuando iba en busca del mundo americano, de aquél y de su flota como Almirante y juez, señor iba de todos y no sumiso a nadie y no iba para santo, sino para virrey; y en su gestión omnímoda, entonces como ahora, lealtad pedirle, bueno: mas santidad ¿por qué?
Y él, Álvarez, que era un sabio de fama europea, que viajaba de incógnito, con nombre falso, para librarse de curiosos o impertinentes admiradores, aborrecía ya de muerte al necio pedantón que se permitía el lujo de creerse superior a la turbamulta del balneario. Además, se le figuraba que el archivero le miraba a él con ira, con desprecio; ¡habríase visto insolencia!».
Suárez reparó que Leal, que todo lo había oído sin dejar el gesto de placidez, miró un momento con ira al químico que quería pincharle con disparates romos.
Dijo, miró con ira a los zumbones que le rodeaban, y rompió el cerco, bamboleándose al andar, como buque de mucho porte que toma la barra seguro de llegar al puerto.
Al sentir la presión de aquellos dedos duros como garras, el capitán se sacudió, arrojando una especie de bramido que hubo de ser grito de cólera; pero ella, muda e implacable, introdujo allí el cuchillo, lo revolvió con un gesto de espantosa saña, y luego cortó con todas sus fuerzas, sujetando bajo sus rodillas la mano de la víctima, que tentó alzarse convulsa. —Al ñudo ha de ser!—rugió el dragón-hembra con ira reconcentrada.
La gitana lanza un grito de dolor y de furia, y sin acobardarse, frenética, desesperada, cogiendo con ambas manos la garganta del perro, aprieta con rabia, con frenesí, con ira, con heroico y brutal arranque, mientras el perro la sujeta al suelo con sus recias manazas y le desgarra el hombro con sus afilados colmillos.
Yo apartaría con ira mis ojos de los republicanos mezquinos y suicidas que negasen a aquel pueblo vejado, agarrotado, oprimido, esquilmado, vendido, el derecho de insurrección por tantas insurrecciones de la República española sancionado.
No gratitud: odio es lo que usted me inspira. Los ojos de Juan relampaguearon con ira; sus pupilas, que reflejaban la desesperación y la ira, giraron en todas direcciones.
Halló el son obediencia en los mármoles y oídos en los muertos, y así al punto comenzó a moverse toda la tierra y a dar licencia a los güesos que anduviesen unos en busca de otros; y pasando tiempo, aunque fue breve, vi a los que habían sido soldados y capitanes levantarse de los sepulcros con ira, juzgándola por seña de guerra; a los avarientos con ansias y congojas, recelando algún rebato; y los dados a vanidad y gula, con ser áspero el son, lo tuvieron por cosa de sarao o caza.
Atenta, prestó oído al tumulto del mar, bajó su hermosa frente que los años besaron y en dolorosos términos sus labios declararon su lóbrego destino que duele recordar: «Hace ya mucho tiempo, cuando yo sostenía »trato con los vivientes y escuché sus ternuras, »igual que el mar bravío junto a esas sepulturas »con ira lamentáronse de mi pétrea apatía.