Ejemplos ?
“En tiempo del 2º sitio de Montevideo se hallaba (Artigas) un día comiendo en su alojamiento de tres cruces con varios oficiales de sus divisiones, y algunos del exército de línea …” etc.
¿Qué pasó con El Tropezón? ¿Allá está todavía? ¿Ustedes se la pasan ahí comiendo arepas? Yo me la pasaba ahí comiendo arepas cuando salía del estadio.
Mascaba y tragaba distraído; si el bocado de estopa, o lo que fuese, oponía una resistencia heroica a convertirse en bolo alimenticio y no quería pasar del gaznate, a Zurita se le pasaba por la imaginación que estaba comiendo algo cuya finalidad no era la deglución ni la digestión; pero se resignaba.
(APLAUSOS.) Que no nos amenacen con medidas económicas, que no nos amenacen con rebajas de ninguna clase, porque si las cumplen no nos importa, ¡que nosotros —lo repito— con malanga, con sal y con manteca estamos quince años comiendo!
Desde los tres a los cinco años, Gargantúa pasa la mayor parte del tiempo “bebiendo, comiendo y durmiendo; comiendo, durmiendo y bebiendo; durmiendo, bebiendo y comiendo”, recreándose con toda la libertad en todas aquellas maneras que nosotros atribuimos a las más sucias costumbres.
Allí todos se pusieron en meditación e invocando a la conciencia para que les enviara claras ideas de lo que deseaban saber, comiendo los honguitos de la reflexión, tuvieron la visión que anhelaban.
Bueno, en la noche mandé a averiguar dónde está el gobernador; con todos los alcaldes echándose palo, como se dice, y comiendo carne asada en uno de los latifundios más grandes del Guárico.
Sintió hambre, y viendo que Jesús marchaba sin detenerse, se puso él a comer solo. Al cabo de cierto tiempo, le dijo Jesús: ─ Pedro, me da la impresión de que estás comiendo tú solo.
Y así, mandan los doctores que no les detengan, y por esto Claudio César, emperador romano, promulgó un edicto mandando a todos, pena de la vida, que (aunque estuviesen comiendo con él) no detuviesen el pedo, conociendo lo importante que era para la salud.
Si queda un pintor de santos, si queda un pintor de cielos, que haga el cielo de mi tierra, con los tonos de mi pueblo, con su ángel de perla fina, con su ángel de medio pelo, con sus ángeles catires, con sus ángeles morenos, con sus angelitos blancos, con sus angelitos indios, con sus angelitos negros, que vayan comiendo mango por las barriadas del cielo.
Algunos con los ojos abiertos continuaban comiendo su pescado o royendo un hueso de carnero, y el aceite se les corría hasta el mentón.
La Madre Superiora calló poniendo atención a unos pasos lentos y cansados que se acercaban corredor adelante, y quedó esperando vueltos los ojos a la puerta, donde no tardó en asomar una monja llena de arrugas, con tocas muy almidonadas y un delantal azul: En la frente y en las manos tenía la blancura de las hostias: —Madrecica, esos caballeros venían tan cansados y arrecidos que les he llevado a la cocina para que se calienten unas migajicas. ¡Viera cómo se quedan comiendo unas sopicas de ajo con que les he regalado!