Ejemplos ?
Pero cuando volvieron al salón principal, donde se habían congregado todos los comensales, pudo advertirse una gran diferencia entre ellos: el maestro estaba fresco, tal y como había salido, y mi tío totalmente ebrio.
6.22. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: Pídeme lo que quieras y te lo daré.
Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista. 6.26. El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. 6.27.
El último plato acababa de ser puesto encima de la mesa por la moza que hacía oficios de camarero; Antonio se disponía a descorchar la primera botella de champagne, y los restantes comensales, con los ojos encendidos, coloreadas las mejillas, entreabiertos los labios y ardoroso el aliento, se entregaban a enérgicas y locas expansiones, que si no eran el amor precisamente, guardaban con él relaciones iguales a las que existen entre la respiración y el hipo.
Ya se zampaba regaladamente un vaso de vidrio, ya se daba una ducha con manga de riego, ya se tragaba un tenedor, ya se liaba a dentelladas con un perro de presa o con un gato enrabizado y furioso. El ejemplo de este Atila de sí mismo, a quien tributábamos ovaciones, acabó de perder a los comensales.
¡que no me sea dado contemplar su desolada facha cuando se despierte y encuentre en lugar de los primorosos comensales media docena de gallinazos!
Lo más selecto de los comistrajes, las grosuras domingueras con que regalaban a sus comensales iban a dar en raciones frailescas a la tripa del seminarista, que gradualmente se iba anchando, anchando.
Todos los comensales tenían la cabeza baja y miraban al plato; pero a Macha le pareció que habían levantado la cabeza y la miraban a ella.
En el palacete del Peñalba reinante estaban invitados aquella noche a sentarse a la mesa, entre otros quince o veinte comensales relativamente empingorotados, Mercedes y sus dos amigos.
Una simpatía irresistible me había ligado a ellos, en esos segundos, en que, olvidados de mi presencia, los examinaba con mi curiosidad insaciable. Sin duda habían querido huir de la vulgaridad de los comensales de la table d'hote, al refugiarse en el comedor reservado.
Añade que para agasajar al hijo del virrey marqués de Cañete, le presentaron en el almuerzo el rábano colosal, que fue muy sabroso de comer y alcanzó para dejar ahítos a los comensales y servidumbre.
-¡Pero su paternidad no lo obedecería!... -interrumpió el general guiñándole un ojo, como para llamarle la atención sobre los tres comensales.