Ejemplos ?
Sólo que en esta excomunión no do- blaron las campanas, porque el Corregidor de la ciudad, que era amigo íntimo del seflor Comí, había cuidado de dejarlas sin badajo.
Acabado el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano y meneando la cabeza dijo: “Lázaro, engañado me has: juraré yo a Dios que has tu comido las uvas tres a tres.” “No comí -dije yo- mas ¿por que sospecháis eso?” Respondió el sagacísimo ciego: “¿Sabes en que veo que las comiste tres a tres?
-La mesa está servida -gritó alguien, y todos acudimos en busca de la sopa bienoliente, y de las copas en que una mano enguantada de blanco vertía el viejo Jerez. Comí, gocé de la fiesta, pero ni el delicado yantar ni la alegre conversación consiguieron el olvido de la lejana escena que mis anteojos me habían revelado.
¡Muy bien! Comí tanto que hasta se me subió la comida a la cabeza.- y mostró al zorrillo los chipotes que se le amontonaban entre las orejas.
-Pos bien -continuó Currita con voz risueña-, viendo el Toneles que no hacía caso empezó a trabajar con las de Caín, y me sortó tres o cuatro palomos de los de mejor casta der barrio, y yo, que me comí la partía, empecé a repicar a quéa, y la de los Chícharos me regaló un par de botas a la Imperiala y un corte de vestío y dos pares de enaguas blancas que, de finas que son, paecen de tó menos de muselina morena.
Después ella sujetaba las palabras que se asomaban a la boca con una sílaba o un chistido. Y cuando colgó el tubo suspiró y salió de la habitación en silencio. Comí y bebí buen vino.
no venía, fuime por esa ciudad a encomendarme a las buenas gentes, y hanme dado esto que veis.” Mostréle el pan y las tripas que en un cabo de la halda traía, a lo cual el mostró buen semblante y dijo: “Pues esperado te he a comer, y de que vi que no veniste, comí.
Bueno, la propiedad social directa –ya leí su definición– es cuando se asigna de manera –valga la redundancia– directa a una comunidad cualquiera. Miren, por cierto que ayer comí arepas.
Cuando el lobo se despertó y se vio con la barriga llena de miel, dijo: -¡Ay, sudo miel! Verdad es, pues yo me la comí. Pero puedo jurar a usted, comadre, que no me acordaba.
¿Con sesenta y tres años que llevo yo en ella? Que vine de siete, un arrapiezo, y aquí comí el primer pan ganao con mis manos, ¿lo oyes?
Yo estaba medio delgado Y enderecé a un bodegón, Comí con Antonio el manco, Y a la tarde me dijeron Que había sortija en el bajo: Me fuy de un hilo al parage, Y cierto no me engañaron.
-¡Ay de mí!-dijo en esto uno-, que no tuve día sosegado en la otra vida, ni comí ni vestí, por hacer un mayorazgo y después de hecho por aumentarle, y en haciéndole, me morí sin médico por no gastar dineros amontonados, y apenas expiré cuando mi hijo se enjugó las lágrimas con ellos; y cierto de que estaba en el infierno por lo que vio que había ahorrado, viendo que no había menester misas, no me las dijo ni cumplió manda mía; y permite Dios que aquí, para más pena, le vea desperdiciar lo que yo afané, y le oigo decir: ´Ya se condenó mi padre: ¿por qué no tomó más sobre su ánima y se condenó por cosas de más importancia?’.