Ejemplos ?
Cuéntase que la Virgen poseía un magnífico collar de perlas, el cual fue comprado por un general inglés, al servicio entonces de Bolivia, en la suma de ocho mil pesos.
El collar de perlas y las pulseras que había heredado de mamá los hemos vendido en la mitad de su valor; los corales que papá me dio al casarme también los hemos dado por nada.
Tú te pondrás la saya de seda, el gorro con plumero, el collar de perlas, y te abanicarás; yo me pondré la casaca azul, el sombrero de copa y los guantes verdes.
En mi cara, en mi propia cara, rompió un cheque de mil pesos que le dejó un querido. A la sirvienta le regaló un collar de perlas que valía cinco mil pesos.
Por lo general, vestían traje de terciopelo o raso, con sobrepollera de punto bordado de oro; zapato de raso blanco bordado de lentejuelas; collar de perlas o gargantilla de oro con piedras preciosas; piochas riquísimas; peinados de rodete con tirabuzones, grandes y ricos pendientes, ya de diamantes, ya de oro macizo; guantes de seda de medio brazo, o de media mano y sortijas valiosas de diamantes.
Fascinador espíritu que engendra la desceñida bacanal; transforma el místico y humilde escapulario de la doncella pobre en refulgente collar de perlas; abre el negro abismo del juego; bebe lágrimas y oro y mancha la virtud.
Manda además traer unas preseas, salvadas de las ruinas de Ilión: una falda recamada de figuras de oro y un manto bordado en derredor de rojo acanto, galas de la argiva Hélena, que llevó de Micenas cuando fue a Troya tras un infando himeneo, admirable presente de su madre Leda; además el cetro que en otro tiempo empuñó Ilione, la mayor de las hijas de Príamo, un collar de perlas y una diadema de oro y piedras preciosas.
¡Qué seductora estaba con su traje blanco, una rosa prendida en sus cabellos, un collar de perlas, brazaletes de oro y ricas piedras!
Un hombre de Taza ha dejado en su tienda un collar de perlas, y quiere mostrártelo, pues sabe que tú entiendes de piedras preciosas, y él en cambio no conoce sino pellejos y babuchas.
-Lo sé; y por eso he ido a la villa y he comprado en un baratillo, con mis ahorros, un refajo de seda, un gorro con plumero, un collar de perlas de cristal y un abanico; además, una casaca azul, un sombrero de copa y unos guantes verdes.
y el cheque de diez mil pesos que le regaló el otro... –¡Pero usted cree que estoy loca!... ¿Por qué iba a regalarle a mi sirvienta un collar de perlas? –Entonces mintió.
¡Un cinturón de oro, con piedras azules, y todo hecho de escamitas! -¡Anda un collar de perlas! -Oye, Fifino, ¿no preferirías tú un polichinela?