Ejemplos ?
Y el muchacho -muchacho perpetuo, aunque va frisado en los veintisiete- ni ha terminado sus estudios, ni quiere dedicarse a cosa alguna, ni se sabe con qué dinero anda siempre de juerga, paga en el café, concurre a los teatros, se presenta bien trajeado y, en suma, se conduce como si sus padres tuviesen una bonita renta y la necedad de derrocharla en mantener a un ocioso. El padre, desesperado, calla: le cohíbe, en esto como en todo, el miedo doméstico.
¿Tiene algo de extraño? ––Pero... ––A mí no puede cohibirme el temor que a ti te cohíbe. ––Pero dirá que rabio por casarme. ––¡No, no dirá eso!