Ejemplos ?
Alicia miró a la cocinera con ansiedad, para ver si se disponía a hacer algo parecido, pero la cocinera estaba muy ocupada revolviendo la sopa y no parecía prestar oídos a la conversación, de modo que Alicia se animó a proseguir su lección: - Veinticuatro horas, creo, ¿o son doce?
¿de quién será esta hebra de pelo?"."— La conozco, contestaba de fijo un comensal, es de la hija de la cocinera, que es una muchacha muy guapa".— "¿De veras?
Se alborotan los aceites De los cazos Y la loca coladera rockea ya. -¡Silencio!- dice una moza que encendida de ira va. - Aquí soy la cocinera y todos a cocinar. Vuelva a su lugar la loza.
CORO (Con participación de la cocinera y el bebé) Cuando comenzó la segunda estrofa, la Duquesa lanzó al niño al aire, recogiéndolo luego al caer, con tal violencia que la criatura gritaba a voz en cuello.
Y la Duquesa salió apresuradamente de la habitación. La cocinera le tiró una sartén en el último instante, pero no la alcanzó. Alicia cogió al niño en brazos con cierta dificultad, pues se trataba de una criaturita de forma extraña y que forcejeaba con brazos y piernas en todas direcciones, «como una estrella de mar», pensó Alicia.
Al ver que la cocinera se encontraba preparando los jitomates y el chile para hacer en el molcajete una salsa, él se convirtió en un TEXÓLOTL, es decir el tejolote, la piedra para hacer moles a una mano con variados chiles.
La vida cocinera no nos necesita; ella es Dios y nosotros sus peleles, aunque sean reyes, presidentes o doctores; sólo son personajes de la cena donde todo se sirve y nada queda; donde cumplen su función de corifeos, y al final son engullidos… hechos mierda.
Alicia apenas podía distinguir las palabras: CORO (Con participación de la cocinera y el bebé) - ¡Ea! ¡Ahora puedes mecerlo un poco tú, si quieres!
La cocinera asombrada vio aquella transformación y quedó como muda, hasta que los perseguidores pasaron por ahí y le preguntaron: -¿Acaso has visto un guajolote revoloteando por aquí?
Y fue un golpe de efecto, que asentó mi crédito, el ver llegar, a los pocos días, muebles de cierta elegancia para casa de las Cutres; el ver que se hicieron en ella obras de reparación y comodidad, y el ver, ¡oh maravilla!, que las Cutres mismas salían a la calle con decoroso atavío, sabiéndose que habían tomado una doncella y una cocinera.
El viejo, ¡qué maravilla!, se abonó a landó y palco, señaló cantidades para trapos y moños, despidió a la cocinera por guisar mal -Ignacia solía dejar en el plato la blanqueta de gallina- y declaró a voces: -¡Para el tiempo que hemos de vivir...!
En cambio he padecido después un tabardillo, tres cólicos, trescientos sustos, treinta mil molestias por esos campos de Dios buscando la sombra y la poesía, sesenta y seis insomnios producidos por el perro, por los cencerros Y por los golpes oídos durante la noche, e innumerables disgustos en mi trato con el vecindario: y si cuento diez indigestiones, que me produjo la bazofia de esta bendita cocinera, una oftalmía a consecuencia del polvo del techo de mi alcoba, y doscientos rasguños de espinos en la piel (todo esto durante las tres semanas contadas de placer) no hay duda que la ganancia de mi expedición, vista por este lado, ha sido bien escasa.