Ejemplos ?
Pero en Huarina hizo Carbajal una acción muy meritoria. Machicao, que dudaba del triunfo, abandonó cobardemente su puesto apenas se rompieron los fuegos.
Ellos no eludirán cobardemente con proposiciones de “acuerdo” su responsabilidad criminal y antipopular, que a corto o mediano plazo tendrán que asumir.
Quedó demostrado que los dictadores no son tan temibles ni tan suicidas, y que cuando llega la hora en que están perdidos, huyen cobardemente.
No es demasiado lejos de quien teme la muerte el que cobardemente la espera, así como es dado al vino fuera de medida quien agota el ánfora, bebiéndose hasta el fondo.
Ultrajando cobardemente un girón de nuestra integridad territorial y dejando un saldo trágico de miseria, de orfandad en un campo de dolor.
Contra una Diplomacia incapacitada, que cobardemente rehuyó a la discusión y firmó, no un Tratado de Paz, Amistad y Límites, sino una cancelación de todos nuestros derechos indiscutibles, legados por la Corona de España y la Gran Colombia.
Sufrimos un revés, fracasó el ataque, no se pudo tomar el cuartel Moncada, infinidad de compañeros fueron asesinados cobardemente.
Esta España que habéis amamantado con sudores y empujes de montaña, codician los que nunca han cultivado esta España. ¿Dejaremos llevar cobardemente riquezas que han forjado nuestros remos?
Fingiendo voluntad de diálogo, el mal gobierno optó cobardemente por la solución militar y, con argumentos torpes y estúpidos, desató una gran persecución policíaca y militar que tenía como objetivo supremo el asesinato de la dirigencia del EZLN.
Es que no nos cabe ya en la cabeza que debamos aceptar el dolor, que lo debamos justificar, que lo suframos cobardemente como expiación de nuestras culpas.
Si algun dia el noble y heróiro pueblo de Buenos Aires, troza las férreas cadenas que lo sujetan al despota abominable, sabrá pedir cuenta de este asesinato quo cobardemente vais á ejecutar." Cuitiño, furioso al verse insultado esclamó "ponganle una mordaza á ese salvaje" al instante dos sayones cumplieron esta órden.
gobia el Sol a la ciudad con su luz recta y terrible; la arena resplandece y el mar espejea. Cobardemente se rinde el mundo estupefacto y duerme la siesta, siesta que es una especie de muerte sabrosa en que el dormido, despierto a medias, saborea los placeres de su aniquilamiento.