Clementina

clementina

(De Clement, su creador.)
s. f. BOTÁNICA Variedad de mandarina sin pepitas, dulce y de piel más roja que las ordinarias la clementina se utiliza en confitería y pastelería como la naranja.

Clementina

 
f. catol. Cada una de las constituciones de que se compone la colección del derecho canónico publicada por el papa Juan XXII el año 1317.
pl. Colección de constituciones del papa Clemente V.
Traducciones

Clementina

klementinka

Clementina

klementin

Clementina

Klementine

Clementina

clementine

Clementina

klementiini

Clementina

clémentine

Clementina

mandarina

Clementina

クレメンタイン

Clementina

클레멘타인

Clementina

clementine

Clementina

klementin

Clementina

klementynka

Clementina

klementin

Clementina

ส้มชนิดหนึ่ง

Clementina

mandalina

Clementina

quýt nhỏ

Clementina

小柑橘

clementina

SFclementine, tangerine
Ejemplos ?
Me había citado a las nueve; yo creía era esta hora en mi reloj, siendo solamente las ocho. Clementina lanzó un grito al verme, el oficial llevó involuntariamente la mano a su espada, y aquel grito y aquel ademán me revelaban toda la extensión de mi desdicha.
Por aquella época dio un señor del lugar un gran baile al que fui convidado. Clementina estaba en él radiante de hermosura; la vi bailar con muchos sin acercarme a ella, pero al oír exclamar: ¡Este es el último vals!
Sybíl no se mostró nunca tan dichosa y hubo un momento en que lord Arthur sintió la tentación de portarse como un cobarde y de escribir a lady Clementina revelándole lo de la cápsula, dejando que se efectuara el casamiento, como si no existiese en el mundo míster Podgers.
Lord Arthur se lo arrebató de las manos y lo abrió, rasgán­dolo con brusco ademán. ¡Éxito total!: lady Clementina ha­bía muerto repentinamente, por la noche, cinco días antes.
El inmueble no valía mucho; pero míster Mansfield, el notario, deseaba vivamente que viniese lord Arthur lo antes posible, porque había muchas deudas que pagar, ya que lady Clementina no pudo tener nunca sus cuentas en regla.
A lord Arthur le conmovió mucho aquel buen re­cuerdo de lady Clementina y pensó que míster Podgers tenía realmente que asumir una grave responsabilidad en aquel asunto.
Por consiguien­te, hizo una lista de sus amigos y parientes en una hoja de un libro de notas y, después de un minucioso examen, se decidió en favor de lady Clementina Beauchamp, una estimable dama, ya de edad, que vivía en la calle Curzon y era prima segunda suya por parte de su madre.
Lord Arthur colocó la cápsula en una bonita bom­bonera de plata que adquirió en una tienda de la calle de Bond, tiró la basta cajita de Pestle y Humbey y se encami­nó directamente a casa de lady Clementina.
Tiene usted que pro­meterme que lo probará. Y lord Arthur sacó de su bolsillo la bombonera y se la ofreció a lady Clementina. -¡Pero es deliciosa esta bombonera, Arthur!
Su ingenuidad me encantaba, me fascinaba su hermosura, y admiraba su pura sencillez. Se llamaba Clementina. Una mañana llegó al lugar un regimiento que debía permanecer allí algunas semanas, y entre los oficiales, había uno de simpática presencia, gallardo porte y buenas maneras, del que me hice pronto amigo, depositando en él el secreto de mi amor con una confianza ciega, propia únicamente de un niño.
Hará catorce meses de esto que voy a referiros. Una noche de Noviembre, triste y silenciosa, me dirigí hacia la casa de Clementina, cuando...
-Tengo que acabar de contaros mi historia -dijo Alberto apenas les sirvieron los postres-. Estaba, si no me engaño, cuando una noche del mes de Noviembre me dirigía hacia casa de Clementina.