Ejemplos ?
MARGARITA No puede ser. POSADERA Miradlo. MARGARITA ¡Dios clemente, partió sin mi! POSADERA Yo me creí, señora, que erais de su partida sabedora.
DON JUAN Este suceso... CELESTINA Que fue, para mayor circunstancia, aquel celebrado día en que Sevilla ganada hace fiesta a San Clemente.
De ahí vino Doña Jacinta Ramírez de Arellano, esposa de Don Clemente Sánchez de Orellana, otro de los ascendientes de la familia de este apellido (1).
Tengo cierta inclinación a lo triste. Aquí encontrará «El suspiro en la noche», «Mi ocaso» y «Cuando me casé con Clemente», es decir, mi marido.
Sea, pues, evidencia, no discurso, que Tarquino, que las tuvo, fue tirano; y Julio César, que no sólo no las tuvo todas ni alguna dellas, sino que siguió en justicia y amor las contrarias, no lo fue; antes príncipe valeroso, clemente y liberal.
No quiso Dios, y he vuelto, no con el alma en calma, pero con fuerza de alma para poder vivir. ¡Oh Dios clemente y pío que a España me volviste, ya aquí no puedo triste ni en soledad morir!
DOÑA ANA El día de San Clemente, que no lo he olvidado, en fe de que el más festivo día de Sevilla, su alegría mi mayor tristeza fue; 20 E: ¿Oyes, te acuerdas, o no.
Era hidalgo de nacimiento, natural de Villanueva de Barca- rrota, buen mozo, moreno de color, sufridor de trabajos y el primero en los peligros, con lo que daba ejemplo á los solda- dos, desprendido de la riqueza, clemente en perdonar, y de gran juicio y cautela.
¡La paz es mejor que combatir, déjanos vivir!” Entonces mi Majestad fue clemente, siendo como Montu en su época, cuando su ataque le dio el éxito.
Lo cierto es que Pepona, tan clemente, era con los curas encarnizadamente cruel, y acaso ellos fueron los que añadieron a su nombre el alias de la Loba.
Se trata de una carta dirigida a José Clemente Pereira, último sobreviviente del grupo de de negociadores brasileros, y en la cual, por otra parte, se recuerda que cuando el ministro mediador llegó a Río de Janeiro para intervenir en las gestiones de paz, ya estaba acordada la base de la independencia oriental y solo quedaban diferencias acerca de las Misiones.
El comerciante se prosternó en dirección a La Meca, y comenzó devotamente su oración: "En nombre del Clemente, del Misericordioso..." Rahutia, la bailarina, había corrido a través de las decepciones con el mismo gesto doloroso de un guerrero que tiene las sienes atravesadas por una saeta.