clavijero

clavijero

1. s. m. MÚSICA Pieza maciza, larga y estrecha, de madera o metal, con agujeros para meter las clavijas de instrumentos musicales como el violín.
2. ELECTRICIDAD Clavija de un cable eléctrico.
3. AGRICULTURA Pieza o parte del timón del arado donde están los agujeros para meter la clavija.

clavijero

 
m. mús. Pieza larga y angosta, en que se colocan las clavijas de los instrumentos músicos de cuerda.
Percha (pieza).
Parte del timón del arado en el cual están los agujeros para poner la clavija.

clavijero

(klaβi'xeɾo)
sustantivo masculino
1. música pieza en la que encajan las clavijas de un instrumento musical el clavijero de una guitarra
2. electricidad clavija de un cable eléctrico clavijero para cable conducto
3. agricultura pieza o parte del timón del arado En el clavijero están los agujeros para poner la clavija.
Traducciones

clavijero

SM
1. (Mús) → pegbox
2. (= percha) → clothes rack
Ejemplos ?
Año de 1759 constituye el seguimiento de las preocupaciones por dominar la lengua de los vencidos y proseguir la catequización. Las reglas de la lengua mexicana con un vocabulario de Francisco Xavier Clavijero escrita ya en el siglo XVIII (Aprox.
El Clavijero, que había templado la guitarra como solía hacerlo en las grandes solemnidades, dio comienzo a su artística tarea, ora punteando de un modo tan hábil como vertiginoso, ora rasgueando de modo acompasadísímo, mientras la cantadora llenaba el espacio con sus inimitables y populares armonías, y la concurrencia palmoteaba y jalcaba de modo automático y acompasado.
Rechinaban las bilortas del arao, y chasquía del tirón el clavijero, y las yuntas jacezaban ya cansinas, y süaban las peonás en los repechos y las piedras daban chispas tan siquiera s'arrimaban a la punta de los jierros.
Las figuras simbólicas, y los quipos de los mexicanos (cuyo imperio se alzaba en medio de la América; para difundir por toda ella sus luces, como desde un centro) prueban que el desarrollo intelectual no contaba en aquella región los largos siglos que en el viejo mundo, desde la época inmemorial en que brilló la luz de la razón en el Oriente: y a pesar de esto ¿qué les faltaba para constituir un pueblo civilizado? ¿No tenían una creencia que Clavijero no ha trepidado en parangonar con la de los griegos y de los romanos?
Comprendió que sobrábale razón a Rosario hasta por la tapa de los sesos, y no atreviéndose a esperar que le devolviese el retrato que hubo de dejarse olvidado por su mala fortuna, levantóse de un brinco, cogió el sombrero, y momentos después murmuraba alejándose de la casa, como perseguido por una jauría: «¡Cuarquiera, cuarquierita aguanta sin paraguas la tormenta que se me ha desencadenao cuando menos lo esperaba!» El hondilón estaba ya lleno de parroquianos cuando penetró en él el señor Toño el Clavijero, uno de los más viejos y típicos representantes de la guapeza andaluza, que oficiaba de oráculo entre los menos clarividentes del distrito y que por ende tenía el buen o mal gusto de ser gran amigo de Paco y de su casi consorte, Rosario la Caperusa.
Y algunos minutos después salían de la taberna del Chinche cogidos del brazo el señor Toño el Clavijero y Paco el Churumbela, con dirección a casa de la famosa y más que famosa Rosario la Caperusa, una de las hembras de más tronío de las que dieron y dan fama universal a los barrios populares de mi Málaga la Bella.
Del primero conserva, entre otros, las características aberturas de resonancia en forma de “f”, la inclinación hacia atrás del mango, el número de cuerdas generalmente cuatro y la terminación en voluta del clavijero.
De Cueva Pintada a la Modernidad: Historia de Baja California. Tijuana: Biblioteca Loyola. Francisco Javier Clavijero (1854).. Ciudad de México: Imprenta de J.
El dobro fue inventado en 1925 por John Dopyera, que fundó en 1929 una empresa junto con sus hermanos para su fabricación en serie, llamada Dopyera Brothers, y abreviada como Do.Bros. Esta marca comercial abreviada, que aparecía en el clavijero de los instrumentos, acabó por dar nombre al instrumento.
Construida de plástico, marfil, hueso u otros materiales, como el grafito o el latón, tiene la función de sujetar las cuerdas a la altura del clavijero, permitiendo que vibren libremente y transmitiendo esta vibración al mástil.
Tras repetidas solicitudes infructuosas a la Capellanía, apela a la reina María Cristina quien, por fin, en 1889, permite a Mirecki trasladarse con uno de los chelos –en estado deplorable– a París para que sea restaurado el mástil, el clavijero y la caja en los talleres del maestro luthier Jean Baptiste Collin-Mezin, quizá el mejor fabricante de instrumentos de cuerda del momento.
Su gran tamaño, así como las gruesas cuerdas de tripa, lo hacían poco manejable. Estas cuerdas daban un sonido profundo y estaban enrolladas en el clavijero, que entonces era de madera de ébano.