Ejemplos ?
Y así quedaba siempre, de oscuro y embrollado, el importantísimo punto que, sin saberlo, discutían aquellos dos seres que se vieron por primera vez..., y que muy pronto iba a ponerse más claro que el agua.
La noche que ayude a bien morir a su madre de usted, le dije honradamente y con mi franqueza habitual (para que aquella señora no se muriese en un error, sino a sabiendas de lo que pasaba) que yo, el Capitán Veneno, pasaría por todo en este mundo, menos por tener mujer e hijos. ¿Lo quiere usted más claro?
Mientras bajaba hacia los bulevares, miraba sobre mi cabeza el río negro y lleno de estrellas recortado en el cielo por los tejados de la calle, que se curvaba y ondeaba como un auténtico torrente, un caudal rodante de astros. Todo se veía claro en el aire ligero, desde los planetas hasta las farolas de gas.
que se prepare un boletín, conteniendo estas ideas. Carvajal: -Perfectamente claro. Voz Puesto 1: -Dice el Comandante en Jefe lo siguiente: es indispensable que a la brevedad posible los médicos jetes del Servicio de Sanidad del Ejército, de la Armada y de la FACh y el Jefe del Servicio Médico de Carabineros, más el médico legista de Santiago, certifiquen la causa de la muerte del señor Allende, con el objeto de evitar que más adelante se nos pueda imputar por los políticos a las Fuerzas Armadas el haber sido los que provocaron su fallecimiento.
La esperanza de Subercasaux era tan grande que no se inquietó lo necesario ante el aspecto equívoco del agua enturbiada, en un río que habitualmente da fondo claro a los ojos hasta dos metros.
Oye siempre, antes que las demás, la voz de su chico menor que quiere soltarse de la mano de su madre: ¡Piapiá! ¡ Piapiá! ¿No es eso...? ¡Claro, oye! Ya es la hora. Oye efectivamente la voz de su hijo... ¡Qué pesadilla...!
Yo sé que tú tiées er corazón del de dieciocho quilates, y como lo sé..., pos velay tú..., por eso he vinío. -¡Pos como no platique usté más claro, agüelito!
Sus trapos pintorescos y de vivo color les distinguen de los burgueses; sus exclamaciones sonoras resuenan en el ambiente claro y frío como cristal.
En la catedral de Auriabella ya está en un retablo su efigie. -¿Un mártir, claro es? -Un mártir jesuita, sacrificado por los japoneses con todo género de refinamientos...
Pero este pequeño esquema de victorias encierra dentro de sí sacrificios inmensos de los pueblos, sacrificios que debe exigirse desde hoy, a la luz del día, y que quizás sean menos dolorosos que los que debieron soportar si rehuyéramos constantemente el combate, para tratar de que otros sean los que nos saquen las castañas del fuego. Claro que, el último país en liberarse, muy probablemente lo hará sin lucha armada, y los sufrimientos de una guerra larga y tan cruel como la que hacen los imperialistas, se le ahorrarán a ese pueblo.
Éste tomó entonces la palabra: Me imagino que has estado sobrio esta noche, porque si no no habrías tratado el asunto con tanta habilidad, intentando desviarnos del verdadero motivo de tu discurso, motivo del que sólo has hablado incidentalmente, como si tu único fin sólo hubiera sido el que nos enemistásemos Agatón y yo, porque has pretendido que debo amarte y a nadie más y que únicamente tú debes amar a Agatón. Pero hemos descubierto tu ardid y visto claro la tendencia de la fábula de los sátiros y los silenos.
Y todas aquellas cogullas callaban en una inmovilidad de espectros y, sobre sus fúnebres coronas, la ojiva de las ventanas recortándose en claro sobre el cielo blanco de luna, las cubría con una mitra transparente.