clarín

(redireccionado de clarines)

clarín

1. s. m. MÚSICA Instrumento musical de viento formado por un tubo largo de metal sin llaves ni pistones.
2. s. m. y f. MÚSICA Persona que toca este instrumento.
3. s. m. MÚSICA Registro del órgano formado por tubos de estaño más agudos que los del llamado trompeta.

clarín

 
m. mús. Instrumento músico de viento parecido a la trompeta, pero más pequeño y de sonidos más agudos.
Tela de hilo muy delgada y clara.

Clarín

 
(1852-1901) Seudónimo de Leopoldo Alas, novelista y crítico literario español. Consciente de la realidad española, llevó a cabo en sus artículos una crítica literaria que él llamó «higiénica y policíaca». Dichos artículos se publicaron recogidos en varios volúmenes: Solos de Clarín (1881), Sermón perdido (1885) y Siglo pasado (1901). Tiene más de 70 obras, entre las que destacan Su único hijo (1890), Pipá (1886), Superchería y Cuervo (1892) y El gallo de Sócrates (1901) y, sobre todo, La Regenta (1884) considerada la mejor novela del s. XIX español.

clarín

(kla'ɾin)
sustantivo masculino
1. música instrumento musical de viento parecido a la corneta un clarín se usa en bandas militares
2. música registro del órgano formado por tubos de estaño más agudos Los sonidos del clarín son más agudos que los de la trompeta.

clarín


sustantivo
música persona que toca este instrumento Mi hermano es el clarín del ejercito.
Traducciones

clarín

clairon

clarín

bugle

clarín

clarino

clarín

A. SM
1. (Mús) (= instrumento) → bugle, trumpet; [de órgano] → clarion
2. (Chile) (Bot) → sweet pea
B. SMF (= instrumentista) → bugler
Ejemplos ?
Por las ventanas se filtraba la claridad del amanecer y un son de clarines alzábase dominando el hueco trotar de los caballos sobre las losas de la plaza.
El Pueblo entero es el que se entrega a la evocación de los acontecimientos cuya memoria hace propicia la fecha y mientras las banderas ondean al viento y los clarines repitan las modulaciones jubilosas de la diana, es el Pueblo entero quien vuela en alas de la imaginación hacia el pasado y asiste al acto a la vez severo y radioso de la Cruzada de los Treinta y Tres.
Sin tenerle por impío, jamás hubiera supuesto ese ánimo religioso en el Señor Marqués de Bradomín. Yo murmuré gravemente: —El arrepentimiento no llega con anuncio de clarines como la caballería.
Muy saturada de literatura y de Academia Veneciana. Cuando me separé de María Antonieta aún no rayaba el día, y los clarines ya tocaban diana.
Habíamos llegado a Santa María y tuvimos que guarecernos en el cancel de la iglesia para dejar la calle a unos soldados de a caballo que subían en tropel: Eran lanceros castellanos que volvían de una guardia fuera de la ciudad: Entre el cálido coro de los clarines se levantaban encrespados los relinchos, y en el viejo empedrado de la calle las herraduras resonaban valientes y marciales, con ese noble son que tienen en el romancero las armas de los paladines.
Levántate y escucha las campanas; Levántate —por ti se ha arriado la bandera— por ti trinan los clarines; Por ti ramos y coronas con cintas— por ti una multitud en las riberas; Por ti ellos claman, el oscilante gentío, sus ansiosos rostros a ti se vuelven; ¡Arriba Capitán!
De clarines y timbales al son que asorda las auras, y al de orquestas numerosas, que entonan guerrera marcha, en orden y a lento paso numerosas mascaradas entran por partes distintas, y al rey y a la reina acatan.
¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera honor al herido y honor a los fieles soldados que muerte encontraron por mano extranjera! ¡Clarines!
Y en el teatro de los anamitas, los cómicos vestidos de panteras y de generales, cuentan, saltando y aullando, tirándose las plumas de la cabeza y dando vueltas, la historia del príncipe que fue de visita al palacio de un ambicioso, y bebió una taza de té envenenado. Pero ya es de noche, y hora de irse a pensar, y los clarines, con su corneta de bronce, tocan a retirada.
España es el único país donde la muerte es el espectáculo nacional, donde la muerte toca largos clarines a la llegada de las primaveras, y su arte está siempre regido por un duende agudo que le ha dado su diferencia y su calidad de invención.
El día 6, a las cuatro de la tarde, salía de casa del alcalde de primer voto toda la corporación municipal a caballo, en dirección al Cabildo, donde se les unía el Alférez Real, también a caballo, con el estandarte. Luego desfilaba la comitiva en el orden siguiente: Los clarines y los timbales de la ciudad.
Y sólo por comer se desenlazan. Con cantos de clarines insensatos, la mierda envuelve los telares rotos. Los armaduras ya no existen ni el candado, lejano el cinturón, la bestia brama y corrosiva, opaca sueños eleva mares, estanca suelos, descorre espumas.