claraboya

(redireccionado de claraboyas)
También se encuentra en: Sinónimos.

claraboya

(Del fr. claire-voie.)
s. f. CONSTRUCCIÓN Abertura acristalada en el tejado, el techo o la parte alta de una pared, para dar luz a una habitación o a una escalera las palomas entraban en el edificio por un agujero de la claraboya. tragaluz

claraboya

 
f. Ventana abierta en el techo o en la parte alta de las paredes.

claraboya

(klaɾa'βoʝa)
sustantivo femenino
arquitectura abertura acristalada para dar luz a una habitación o a una escalera Entraron por la claraboya del baño.
Sinónimos

claraboya

sustantivo femenino
Traducciones

claraboya

skylight, transom

claraboya

clarabóia

claraboya

świetlik

claraboya

天窗

claraboya

天窗

claraboya

天窓

claraboya

Skylight

claraboya

SFskylight
Ejemplos ?
Al llegar los bomberos, se encontraron con varios personas tratando de rescatar a otras que pedían ayuda bajo una de las claraboyas opacas del local.
La estación de la Terminal 1, construida en hormigón y vidrio, tiene un techo que permite ver a través la terminal aeroporturaria. La estación de la Terminal 2 tiene claraboyas que comunican con la estación RER-TGV.
De las lámparas de plata y cobre, pendientes de las bóvedas; de las velas de los altares y de las estrechas ojivas y los ajimeces del muro, partían rayosde luz de mil colores diversos: blancos, los que penetraban de la calle por algunas pequeñas claraboyas de la cúpula; rojos, los que se desprendían de los cirios de los retablos; verdes, azules y de otros cien matices diferentes, los que se abrían paso a través de los pintados vidrios de las rosetas.
Con tardo vuelo y canto, del oído mal, y aun peor del ánimo admitido, la avergonzada Nictimene acecha de las sagradas puertas los resquicios, o de las claraboyas eminentes los huecos más propicios que capaz a su intento le abren brecha, y sacrílega llega a los lucientes faroles sacros de perenne llama, que extingue, si no infama, en licor claro la materia crasa consumiendo, que el árbol de Minerva de su fruto, de prensas agravado, congojoso sudó y rindió forzado.
Ella, con las colores que imprime la vergüenza, le dió de sus guedejas una trenza; y al tiempo que los dos marramizaban y con tiernos singultos relamidos alternaban sentidos, desde unas claraboyas que adornaban la azutea de un clérigo vecino, un bodocazo vino, disparado de súbita ballesta más que la vista de los ojos presta, que, dándole a la mona en la almohada, por de dentro morada, por de fuera pelosa, dejó caer la carga, y presurosa corrió por los tejados, sin poder los lacayos y criados detener el furor con que corría.
En el techo se instalarán claraboyas, de forma tal mejorar la iluminación y permitir que en el interior de la UTI se respeten los ciclos de luz/oscuridad naturales.
El 3 de junio de 2003 la iglesia fue elevada al rango de basílica menor por decisión del Papa Juan Pablo II, convirtiéndose en la vigésimocuarta iglesia colombiana en obtener dicho título. Posee 128 ventanas y claraboyas; 32 capiteles y arcos recubiertos en oro de 18 quilates y dos campanas hamburguesas.
Por otra parte, la utilización que ha hecho el arquitecto del factor luz, al aprovechar la iluminación natural proveniente del patio central y la luz cenital difundida por las claraboyas, deviene la explotación expresiva de los contrastes lumínicos característicos del clima tropical, lo que en días claros hace prácticamente innecesario el uso de lámparas y contribuye a integrar al ambiente pinturas y esculturas.
Continuando con la fachada y sobre dicho dintel de la puerta, se enmarca un magnífico vano mudéjar que consta de dos arcos de ojiva y de arabá de ladrillos rojizos; junto con una gran claraboya u ojo de buey, adornado en su bocel con puntas de diamante. A los lados del mismo, se abren otras dos claraboyas de menor tamaño.
Otro aspecto del edificio lo constituye su sistema de ventilación, el que, al igual que en la mayoría de las construcciones de Villanueva, provee las salas de aire fresco, procedente de las claraboyas, los corredores y los patios.
Según legados y documentos del archivo parroquial, la tal capilla «era de mucho esplendor, con tres altares y una rexa muy costosa en parte dorada, con armas y letrero teniendo con claraboyas y mucha luz, con gradas de piedra y es tan grande como la Capilla mayor del Convento de San Agustín de Valladolid siendo adornoa la misma iglesia parroquial».
A partir de tres cuentos –"Cielo de claraboyas" (1937), "El vestido de terciopelo" (1959), y "La muñeca" (1970)– Amícola sugiere que los cuentos de Ocampo cuestionan la ausencia del sexo-género y de la visión femenina en el psicoanálisis desarrollado por Freud, con enfoque especial en lo horroroso.