ciprés


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ciprés

(Del bajo lat. cypressus < lat. cupressus.)
1. s. m. BOTÁNICA Planta arbórea de tronco recto, ramas erguidas y copa fusiforme y alargada, con hojas pequeñas, perennes y de color verde oscuro. cipariso
2. Madera de este árbol.
3. ciprés meridional o rojo BOTÁNICA Planta arbórea de gran envergadura, cuyas raíces emiten unas excrecencias aéreas que le permiten prosperar en terrenos inundados.
NOTA: Nombre científico: (Taxodium distichum.)
NOTA: También se escribe: aciprés

ciprés

 
m. bot. Cupresácea que se caracteriza por hojas reducidas a escamas y por sus conos esféricos de unos 3 cm de diámetro.

ciprés

(θi'pɾes)
sustantivo masculino
botánica árbol de tallo recto y copa espesa, cónica y muy alargada En los cementerios suelen plantar cipreses.
Sinónimos

ciprés

sustantivo masculino
cipariso.
Cipariso se usa en el ámbito literario.
Traducciones

ciprés

cypress, cypres

ciprés

cyprès

ciprés

ברוש

ciprés

Cypress

ciprés

SMcypress (tree)
Ejemplos ?
En los cajones iba Montiel a guardar sus papelotes, su correspondencia, inmediatamente, tomando plena posesión de «lo suyo», Abrió la puerta del templete con la linda llave trabajada como una joya: la puerta giró, y se descubrió el interior, que olía vagamente a finas maderas, a cedro y ciprés.
Rápidamente el Penío llega, el verdeante Tempe 285 abandonando, el Tempe, al que espesuras ciñen por encima pendientes, que las hijas de Hemonia en concurridos coros han de celebrar: y no de vacío, pues él trajo, de raíz, altas hayas y de recto tronco eminentes laureles, no sin un oscilante plátano, la flexible hermana 290 del inflamado Faetón, y un aéreo ciprés.
Ya julio el campo agosta y el páramo achicharra; de día, la cigarra, chirrea entre la mies; la noche turban sólo en su árbol el cuclillo, entre la hierba el grillo y el buho en el ciprés.
¡Lira fiel, compañera querida en sublime delicia y dolores! De ciprés y de lánguidas flores ya te debes por siempre ceñir. ¡Siempre...!
Se detuvieron ante la tumba de Mammia, la sacerdotisa pública, junto a la cual ha crecido un árbol, un ciprés o un álamo; se sentaron en el hemiciclo del triclinium de los banquetes funerarios, riendo alegremente; leyeron entre bromas los epitafios de Nevoleja, de Labeon y de la familia Arria, seguidos de Octavien, que parecía más impresionado que sus despreocupados compañeros por la suerte de los que habían muerto dos mil años antes.
Sólo Preciosa tuvo el contrario, y la abuela dijo que ella no podía ir a Sevilla, ni a sus contornos, a causa que los años pasados había hecho una burla en Sevilla a un gorrero llamado Triguillos, muy conocido en ella, al cual le había hecho meter en una tinaja de agua hasta el cuello, desnudo en carnes, y en la cabeza puesta una corona de ciprés, esperando el filo de la media noche para salir de la tinaja a cavar y sacar un gran tesoro que ella le había hecho creer que estaba en cierta parte de su casa.
Un día Como prenda o como joya Brillante en las nobles aras De mi patria victoriosa Cayó, y del ciprés infausto, Que a su sepulcro da sombra, Para padrón o escarmiento Te miras pendiente ahora.
Era la primera autoridad de la villa un mortal de cuarenta y cinco a cincuenta años, alto como un ciprés, huesoso o nudoso (que ésta es la verdadera palabra) como un fresno y fuerte como una encina; aunque, a decir verdad, su largo ejercicio de carbonero habíale requemado y ennegrecido de tal modo que, de parecer una encina, parecía una encina hecha carbón.
En campos de batalla, luchando con delirio, otros te dan sus vidas, sin dudas, sin pesar. El sitio nada importa: ciprés, laurel o lirio, cadalso o campo abierto, combate o cruel martirio.
Cada hoja lleva diferente historia; las hojas del laurel encierran gloria; símbolo de tristeza siempre han sido las que escalan el muro carcomido; las hojas de ciprés y cinerarias son hojas funerarias; las hojas del saúz son el olvido.
muy tristes; en esa vaguedad de los sueños aspiraba el olor del ciprés, de luces ardiendo, y veía a mi madre en un ataúd negro...
Cuando volvió en sí, y que poniéndose en pie miró en torno suyo, encontrose solo: su mujer y el incógnito habían desaparecido, y él, fatigado, dolorido, hallábase bajo el mismo ciprés donde quedara aguardando a su esposa en tanto que esta entraba en el derruido templo, para hacer una plegaria.