cincel


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cincel

(Del fr. ant. cisel < lat. vulgar caesorium < lat. caedere, cortar.)
s. m. TECNOLOGÍA Herramienta de boca cerrada, recta y de doble bisel para labrar piedras y metales a golpe de martillo trabajar con cincel el pie de un candelabro.

cincel

 
art. y of. m. Herramienta con boca acerada y recta, de doble bisel, usada para labrar a golpe de martillo piedras y metales.

cincel

(θin'θel)
sustantivo masculino
herramienta para labrar piedras y metales a golpe de martillo El pie del candelabro está labrado a cincel.
Traducciones

Cincel

chisel, The Chisel, The Sculptor´s Chisel

Cincel

Grabstichel, Meißel

Cincel

burin, ciseau

Cincel

cinzel

Cincel

dláto

Cincel

mejsel

Cincel

taltta

Cincel

dlijetlo

Cincel

Cincel

Cincel

beitel

Cincel

meisel

Cincel

dłuto

Cincel

mejsel

Cincel

สิ่ว

Cincel

keski

Cincel

đục

Cincel

凿子

Cincel

אזמל

cincel

SMchisel
Ejemplos ?
Benvenuto Cellini discutía escultura a puñaladas en las calles de Florencia. Su puñal estaba tan enamorado al defenderla belleza, como su cincel al retratarla.
He encontrado en medio de la campiña desolada, entre los escombros de un mundo que fue, tumbas cuyo mármol, moldeado por el cincel del artista...
¡EI blancor de esos días tercamente lluviosos; las estatuas de mármol recién inauguradas; el estertor de la pechuga exangüe; el ruedo que la mar prende a su falda; la capa voladora del beduino y sus tiendas errantes, palomar del Sahara; los caminos ahogados en la arena; al fondo de los árboles, la pared de una casa; las tumbas escondidas en la noche; el cirio iluminando la mortaja; ¡yacente livor del esqueleto que el cincel del gusano cincelara; esas frases inéditas, alargadas de aes, con que los sordomudos desahogan su rabia; las gotas de azahar sobre las bodas, y en la Suprema hora de las ansias, en el instante de aflojar los brazos, aquel blanco en los ojos de la mujer cansada!
Y tú, rival de Praxíteles y de Fidias, tú, cuyo cincel hubieran empleado los antiguos para hacerse dioses capaces de excusar a nuestros ojos su idolatría, inimitable Pigalle, tu mano tendrá que resolverse a enlucir el vientre de un mago o tendrá que permanecer inactiva.
¡Quién diese que se escribieran en un libro! 24¡Que con cincel de hierro y con plomo Fuesen en piedra esculpidas para siempre! 25 Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo: 26 Y después de deshecha esta mi piel, Aun he de ver en mi carne á Dios; 27 Al cual yo tengo de ver por mí, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mis riñones se consuman dentro de mí.
Fría del todo, se hace pétrea y durísima, y se cortan de ella losas con que están empedradas las calles de Nápoles y de todos los pueblos de la redonda, y grandes sillares para todo género de construcciones. Admite pulimento, y es capaz de todas las labores del más delicado cincel.
Ni ¿qué importa conocer los ríos que alimentan el profundo y poético lago? Nosotros os hemos presentado la estatua modelada, tallada, pulida por el cincel del dolor...
Y si habla es con Valentina, con Valentina si sueña, por Valentina si vive, y a Valentina si reza. Si día y noche afanado mármol desbasta y modela, a Valentina los trazos de su cincel representan.
«¡Sea!, exclamó: de mi cincel fecundo los vigorosos trazos quiero que adore el asombrado mundo: y aun cuando el fuego de mi amor ignore, quiero que, aborto de mis diestros brazos, la bella efigie de mi amor adore.» Y con osada mano hiriendo el mármol mudo, iba tornado en rostro soberano la tosca forma del peñasco rudo.
VIII Recuerda cuando había tenido lugar aquella noche en su palacio y, combatido por la curiosidad y la impaciencia, presta atención por ver si en el silencio de la noche percibe los golpes del martillo y el cincel del escultor.
Iban bajo el cincel apareciendo los contornos suaves de la cabeza hermosa de una virgen modesta y candorosa: en cuya casta frente, en cuyos labios que orla dulcemente sonrisa cariñosa, en cuyos ojos que a la tierra inclina con modesta mirada, revelándose va la faz divina, no como él débil escultor quisiera de su hermosa y perdida Valentina, sino la faz modesta y venerada de la Madre de Dios inmaculada.
Bajo del ancho pórtico, en las gradas que hasta el atrio conducen, sobre el fresco césped que brota entre las blancas piedras, de las columnas jónicas sustento, Platón descansa entre el amado grupo de sus fileles discípulos, que atentos ora a la voz de su elocuente labio, ora el rumor del mar, que en sordo estruendo bate del cabo las diformes rocas, ora a las quejas lánguidas del céfiro yacen inmobles semejando aquellas escenas de los dioses que el eterno cincel de Fidias, en los anchos frisos, supo trazar del Partenón soberbio.