cimera


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cimera

(Del lat. chimaera, monstruo fabuloso < gr. khimaira.)
1. s. f. INDUMENTARIA Y MODA Parte superior del morrión que se adornaba con plumas u otros elementos.
2. HERÁLDICA Cualquier adorno que se pone sobre la cima del yelmo o celada, como una cabeza de perro, un grifo o un castillo.

cimera

  (del l. chimaera, monstruo fabuloso)
f. Parte superior del morrión que se solía adornar con plumas u otras cosas.
Traducciones

cimera

SFcrest (tb Heráldica)
Ejemplos ?
Lleva cabello con copete cerrado, en canales a dedo; rodete de totuma; tres rosas de trapo junto a una oreja; y, por cimera y coronamiento, una peineta de caguamo que semeja el espaldar de un taburete.
Ricas armas refulgentes, en que dan vivos destellos las labores de oro y plata del sol naciente al reflejo lleva, y sobre el rico almete, en la cimera sujeto, penacho amarillo y rojo, que mece apacible viento.
Con un limpio coselete, del sol envidia y espejo, con celada borgoñona sin cimera ni plumero, y con sus calzas de grana, y con su jubón eterno de raso carmesí, llega después de dejar dispuesto como caudillo el ataque, y como caudillo experto, el gran marqués de Pescara en su tordillo ligero.
El divino Alejandro, esposo de Helena, la de hermosa cabellera, vistió una magnífica armadura; púsose en las piernas elegantes grebas ajustadas con broches de plata; protegió el pecho con la coraza de su hermano Licaón, que se le acomodaba bien; colgó del hombro una espada de bronce guarnecida con clavos de plata; embrazó el grande y fuerte escudo; cubrió la robusta cabeza con un hermoso casco, cuyo terrible penacho de crines de caballo ondeaba en la cimera, y asió una fornida lanza que su mano pudiera manejar.
Fue Antíloco quien primeramente mató a un teucro, a Equepolo Talisíada, que peleaba valerosamente en la vanguardia: hirióle en la cimera del penachudo casco, y la broncínea lanza, clavándose en la frente, atravesó el hueso, las tinieblas cubrieron los ojos del guerrero y éste cayó como una torre en el duro combate.
El intrépido Trasimedes dio al Tidida una espada de dos filos —la de éste había quedado en la nave— y un escudo, y le puso un morrión de piel de toro sin penacho ni cimera, que se llama catetyx y lo usan los jóvenes para proteger la cabeza.
En la rama cimera de éste hallábanse los hijuelos recién nacidos de un ave, que medrosos se acurrucaban debajo de las hojas; eran ocho, y con la madre que los parió, nueve.
Todos habían visto flotar el negro penacho de su cimera en los combates que un tiempo trabaran contra su señor; todos lo habían visto agitarse al soplo de la brisa del crepúsculo, a par de la hiedra del calcinado pilar en que quedaron colgadas a la muerte de su dueño.
El Atrida desenvainó entonces la espada guarnecida de argénteos clavos; pero al herir al enemigo en la cimera del casco, se le cae de la mano, rota en tres o cuatro pedazos.
Suspendió de sus hombros la espantosa égida floqueada que el terror corona: allí están la Discordia, la Fuerza y la Persecución horrenda; allí la cabeza de la Medusa, monstruo cruel y horripilante, portento de Zeus que lleva la égida. Cubrió su cabeza con áureo casco de doble cimera y cuatro abolladuras, apto para resistir a la infantería de cien ciudades.
Después que construyó el grande y fuerte escudo, hizo para Aquileo una coraza más reluciente que el resplandor del fuego; un sólido casco, hermoso, labrado, de áurea cimera, que a sus sienes se adaptara, y unas grebas de dúctil estaño.
Aquileo embistióle, a su vez, con el corazón rebosante de feroz cólera: defendía su pecho con el magnífico escudo labrado, y movía el luciente casco de cuatro abolladuras, haciendo ondear las bellas y abundantes crines de oro que Hefesto colocara en la cimera.