cilicio


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cilicio

(Del lat. cilicium, vestidura áspera.)
s. m. RELIGIÓN Faja de cerdas o cadenillas de hierro con puntas, o vestidura áspera, que se usaba para la penitencia.

cilicio

 
m. Vestidura áspera usada antiguamente para la penitencia.

cilicio

(θi'liθjo)
sustantivo masculino
1. religión faja con puntas que se ciñe al cuerpo un cilicio para penitencia
2. religión vestidura áspera para la penitencia cilicio para expiación
Traducciones

cilicio

cilici

cilicio

Bußgürtel

cilicio

cilice

cilicio

cilice

cilicio

cilicio

cilicio

cilicium

cilicio

cilice

cilicio

cilice

cilicio

cilice

cilicio

Cilício

cilicio

SM (= vestidura áspera) → hair shirt; (= con pinchos) spiked belt or chain etc worn by penitents
Ejemplos ?
Si la víspera de nuestra partida quiere usted acompañar a nuestro común amigo míster Thomas Traddles a nuestra residencia actual para cambiar los votos naturales en semejantes casos, hará el mayor honor a un hombre siempre fiel WILKINS MICAWBER.» Me alegré mucho de saber que mister Micawber había por fin sacudido su cilicio y encontrado de verdad algo.
12 Y miré cuando él abrió el sexto sello, y he aquí fué hecho un gran terremoto; y el sol se puso negro como un saco de cilicio, y la luna se puso toda como sangre; 13 Y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera echa sus higos cuando es movida de gran viento.
que si en Tiro y en Sidón hubieran sido hechas las maravillas que se han hecho en vosotras, ya días ha que, sentados en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido.
No se omitió cilicio, ayuno, penitencia ni ejercicio, mas fueron vanas medicinas tales; que, irritadas las partes genitales, el demonio carnal más las apura, dando a más penitencia más tiesura.
Y amar (bien sabes de eso) es amargo ejercicio; un mantener los párpados de lágrimas mojados, un refrescar de besos las trenzas del cilicio conservando, bajo ellas, los ojos extasiados.
Y a estas tales señalamos para la Cuaresma, por lo que tienen de Cilicio; y mandamos que en ningún tiempo se puedan ensillar, si no es en silla de borrenes, como poetas y caballos saltadores, porque no hagan mataduras ni las timen con los güesos y con lo mucho que se menean.
Al que tasca sus tinieblas, al que ambula taciturno; al que aguanta en sus dos lomos,- como el peso indeclinable, como el peso punitorio de cien urbes, de cien siglos; de cien razas delincuentes,- su tenaz obcecación; al que sufre noche y día, - y en la noche hasta durmiendo,- como el roce de un cilicio, como un hueso en la garganta, como un clavo en el cerebro, como un ruido en los oídos, como un callo apostemado la noción de sus miserias, la gran cruz de su pasión: yo le agacho mi cabeza; yo le doblo mis rodillas; yo le beso las dos plantas; yo le digo: Dios te salve… ¡Cristo negro, santo hediondo, Job por dentro, vaso infame de dolor!
Pero tenía compañeros que le zaherían de continuo, le quitaban el cilicio y le impedían de muchas maneras su abstinencia; por lo cual, inspirado por Dios, pensó en dejar el mundo con sus amadores y ofrecerse por entero en los brazos del Crucificado vistiendo el hábito del crucificado San Francisco.
Amado Padre San Vicente, clarísimo espejo de inocencia, que no teniendo culpa de grave de que llorar, derramabas lágrimas copiosas de dolor, y castigabas tu inocente cuerpo con el ayuno, el cilicio y las disciplinas, las mas veces de sangre, por los defectos leves y precaverlos: alcánzame, Santo mio, un verdadero conocimiento de mis pecados, un dolor intensísimo de haber ofendido á Dios, y un ánimo resuelto de satisfacer al Señor con obras de penitencia, con que pague en esta vida las penas que merezco por ellos, y asi purificado y santificado, pueda entrar en el reino de la gloria.
Tú, que ciñes la cabeza de una corona de espinas y el corazón de un cilicio; tú, que tan ligero haces el sueño y tan pesada la vigilia; tú, que te interpones entre la clara mirada que viene del alma y los ojos para empañarla, y entre la sonrisa pura que viene del corazón y los labios para amargarla; tú, que callas cuando aparece la culpa seductora de frente, y que tan alta y espantosamente lanzas tus saetas cuando, pasada ya, no se puede retroceder, ¡cruel e inexorable remordimiento!
De aquí dimana que al Tabernáculo del testimonio, que cuando viajaba el pueblo de Dios era como un templo portátil, mandó Dios que se le hiciesen once velos cilicinos; esto es, hechos de pelos de cabras y camellos, porque en el cilicio está la memoria de los pecados cometidos por los cabritos que han de estar a la siniestra; y confesando esta verdad nos postramos con cilicio, como diciendo lo que expresa el real profeta: «Mi pecado está siempre delante de mis ojos.» Así pues, la estirpe que desciende desde Adán por el perverso Caín concluye con el número undécimo, que significa el pecado, y el mismo número termina en mujer, de la cual tuvo si principio el pecado por el que morimos todos.
No faltará príncipe de Judá ni caudillo de su linaje hasta que vengan todos los sucesos que le están guardados; y él será el que aguardarán, las gentes, el que, atará su pollino a la vid, y con un cilicio en el pollino de su burra...