cigüeña

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cigüeña

(Del lat. ciconia.)
1. s. f. ZOOLOGÍA Ave zancuda migratoria de gran tamaño, de color blanco con el borde de las alas negro, pico rojo y patas y cuello largos que extiende al volar, y que suele anidar en torres, tejados y árboles cerca de asentamientos humanos.
2. TECNOLOGÍA Hierro sujeto a la cabeza de la campana, donde se asegura la cuerda para tocarla.
3. TECNOLOGÍA Codo situado a cada extremo de un torno, que sirve para imprimirle un movimiento rotatorio.
4. cigüeña cabeza pelada ZOOLOGÍA Ave ciconiforme de cuerpo grueso, con la punta encorvada hacia abajo y plumaje blanco.
5. cigüeña negra ZOOLOGÍA Especie de esta ave que tiene el plumaje negro.
NOTA: Nombre científico: (Ciconia nigra.)

cigüeña

 
f. zool. Ave ciconiforme, de la familia cicónidos (Ciconia ciconia), de un metro de altura, de cuello y pico largos, cuerpo blanco, alas negras y patas largas y rojas; es ave de paso y anida en las torres y árboles elevados.
Hierro sujeto a la cabeza de la campana, donde se asegura la cuerda para tocarla.

cigüeña

(θi'γweɲa)
sustantivo femenino
zoología ave migratoria de patas largas y rojas ver volar una cigüeña
Sinónimos

cigüeña

sustantivo femenino
manivela, manubrio.
Piezas de tornos y máquinas.
Traducciones

cigüeña

لقلق

cigüeña

cigonya

cigüeña

storke

cigüeña

stork, crank

cigüeña

cikonioj

cigüeña

cigogne

cigüeña

חסידה

cigüeña

gólyafélék

cigüeña

bangau

cigüeña

cicogna

cigüeña

コウノトリ亜科

cigüeña

gandriniai

cigüeña

ooievaar

cigüeña

bocian

cigüeña

cegonha

cigüeña

аист

cigüeña

štorklja

cigüeña

stork

cigüeña

korongo

cigüeña

leylek

cigüeña

лелека

cigüeña

鹳科

cigüeña

stork

cigüeña

Щъркел

cigüeña

cigüeña

Čáp

cigüeña

황새

cigüeña

SF
1. (Orn) → stork
2. (Mec) → crank, handle (Náut) → winch, capstan
3. (CAm) (Mús) → barrel organ
4. (Caribe) (Ferro) → bogie, bogy
Ejemplos ?
Pero en cambio nos han dado artículos de luengas tierras, que no puede nadie desmentir, en que a nadie puede ofender la verdad o la mentira: las barbas de Abbas Mirza, que nunca veremos probablemente por acá; el humo y las cigüeñas de la corte; la conversación de un marido con su mujer; la disección de la cabeza de un petimetre y el corazón de una coqueta; el perrito Cupido; los paraguas; artículos del doctor Berenjena, etc., etc., etc.
Pues, y ¿qué diré de las misceláneas críticas, aquellas ollas podridas, y aquel jumillo que está soltando siempre Madrid, que se pierde de vista, y del atronar los oídos el canto de las cigüeñas, que es cosa de no entenderse, y parece el tal Madrid una liorna, que no hay quien pare en él cuando el Correo nos envía estos animalitos desde cierto punto del Retiro, que viene a ser el observatorio del periódico, desde donde se ven gratis una porción de cosas que no hay?
Volvía a menudo, muy a menudo a las costas del Belt para descansar cerca de Borreby en el hermoso encinar. Anidaban allí garzas reales, palomas torcaces, cuervos y cigüeñas.
¡Páramos de Soria! II Ya habrá cigüeñas al sol, mirando la tarde roja, entre Moncayo y Urbión. III Se abrió la puerta que tiene goznes en mi corazón, y otra vez la galería de mi historia apareció.
Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas, y la roqueda parda más de un zarzal en flor; ya los rebaños blancos, por entre grises peñas, hacia los altos prados conducirá el pastor.
Volví los ojos al pueblecillo que dejábamos a nuestra espalda. La iglesia, con su alto campanario coronado por un hermoso nido de cigüeñas, descuella sobre una cuantas casuchas de tierra.
Otros días I Ya están las zarzas floridas y los ciruelos blanquean; ya las abejas doradas liban para sus colmenas, y en los nidos, que coronan las torres de las iglesias, asoman los garabatos ganchudos de las cigüeñas.
Las últimas golondrinas que no emprendieron la marcha, morirán, y las cigüeñas, de sus nidos de retamas en torres y campanarios, huyeron.
El sol de primavera iluminaba el campo verde, y las cigüeñas sacaban a volar a sus hijuelos en el azul de los primeros días de mayo.
Las cigüeñas cuelgan su nido en la veleta de la torre; los vencejos en el ala de los tejados; las golondrinas en los doseles de granito, y el búho y la lechuza escogen para su guarida los altos mechinales, desde donde en las noches tenebrosas asustan a las viejas crédulas y a los atemorizados chiquillos con el resplandor fosfórico de sus ojos redondos y sus silbos extraños y agudos.
Eran las torres «únicas» de aquella «única» iglesia en que el sacristán la había permitido repicar las campanas, admirar los nidos de las cigüeñas emigradoras y cuya baranda había recorrido volando sobre el angosto pasamano, y mirando sin vértigo, con curiosidad agria, de mozalbete, el abismo hondo y luminoso de la plaza embaldosada, a cuarenta metros bajo sus pies.
Los chajaes bulliciosos, de elegante cabecita copetuda y de cuerpo abultado; las garzas y las cigüeñas, imponentes, en su andar acompasado; los patos de mil clases, los gansos y los majestuosos cisnes, reinaban tranquilos en ese dominio que sólo les disputaban los mosquitos insoportables.