Ejemplos ?
Juan Gutiérrez de la Concha, y otros de la ciudad de Córdoba, para dividir las provincias, separar las unidas á la capital, dislocar estas de su dependencia, para arrastrarlas al vireinato de Lima, ocultar á los pueblos la verdad de los hechos importantes á su conocimiento, suplantándoles otros abiertamente falsos para alucinarlos, é impedirles la libertad de unirse en cabildo general y decidir libremente de su suerte, obligándoles á la fuerza á que sirviesen ciegamente á su voluntad...
Porque no soy enemigo del tirano, he contestado; porque si matara al hombre, dejaria en pie la tiranía, y a ésta es a la que yo combato; porque si me lanzara ciegamente a él, haría lo que el perro cuando muerde la piedra inconsciente que le ha herido, sin adivinar ni comprender el impulso de donde viene.
¿Escogerías la súplica, la prédica moralizador a, la amenaza con los juicios de la historia; argumentos incomprensibles para la bestia, o tomarías el arma que mata; argumento lógico, efectivo, para la violencia que ciegamente mata y devora?
Si en ella existen aciertos, veamos cómo van a ayudar o a mejorar los ya cimentados por la tradición histórica de México, mas no los aceptemos ciegamente, sean de donde sean.
Desde este momento, convencida de que los hombres que hoy forman el Poder Ejecutivo sabrán cumplir con su deber para llevar a feliz término la obra emprendida, la Junta Militar ha resuelto depositar en ellos la más absoluta confianza, e invita a todos sus compañeros de las instituciones armadas a imitar su ejemplo. Esta es, pues, la situación del momento, tenemos un Gobierno en cuyo patriotismo podemos confiar ciegamente.
Terror de los isleños i de los mares de las Guaitecas; ser obstinado i avieso; sin temor al peligro ni a la justicia; Pedro María Ñancúpel murió como había vivido, realizándose el dicho popular i haciendo recordar al inmortal Larra, que hace más de medio siglo i en análogas circunstancias escribía: "En tan críticos instantes, sin embargo, rara vez desmiente cada cual su vida entera i su educación; cada cual obedece a sus preocupaciones hasta en el momento de ir a desnudarse de ellas para siempre: El hombre abyecto, sin educación, sin principios, que ha sucumbido siempre ciegamente a su instinto, a su necesidad, que robó i mató maquinalmente, muere maquinalmente!".
El confiar ciegamente en el sentido superior de la libertad y la dignidad del hombre frente a aquellas sospechosas verdades que acaban por disolverse en un mar de presunción sería, pues, testimonio de haber avanzado un paso en el camino.
Un poder semejante no está monopolizado ahora por ninguna clase, porque el alto nivel de la educación general haría imposible para ninguna clase de meros hombres liderar a la gente ciegamente.
Se os han leído reglamentos muy sabios y adecuados a vuestra seguridad y a nuestros placeres, obedecedlos ciegamente, y esperad lo peor de nosotros si nos irritáis con una mala conducta.
El presidente le aseguró que lo que ella llamaba buenos consejos eran muy malos en su situación y que la devoción que le metía en la cabeza sólo serviría para que se la castigase todos los días; que allí donde se encontraba no debía tener otros dueños ni otros dioses que sus tres compañeros y él, ni otra religión que la de servirlos y obedecerlos ciegamente en todo.
Escuchad: yo, que había amado ciegamente a la emperatriz; que había codiciado besar la fimbria de su manto; que había pasado años enteros saboreando un adiós que me dirigiera indiferentemente, que guardaba sobre mi corazón una perla caída de su corona, después de haberla erizado de puntas de acero para que me punzase la carne y me dijese ¡aquí estoy!
En obsequio a la verdad, la mujer del tío Nardo no necesitaba de tantas ni tan buenas razones para oponerse a los proyectos de su hijo: era su madre, y con los ojos de su amor veía a través de los mares, nubes y tempestades que oscurecían las risueñas ilusiones del ofuscado niño; pero el tío Nardo, menos aprensivo que ella y más confiado en sus buenos deseos, apoyaba ciegamente a Andrés; y entre el padre y el hijo, si no convencían, dominaban a la pobre mujer, que, por otra parte, respetaba mucho las corazonadas, y jamás se oponía a lo que pudiera ser permisión del Señor .