chuchería

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chuchería

1. s. f. Objeto delicado y vistoso aunque de poco valor, usado como adorno no puede resistirse a las chucherías de aquella tienda y tiene las estanterías llenas de ellas. fruslería
2. COCINA Golosina, alimento ligero sólo se alimenta de chucherías y dulces.
3. CAZA Caza de perdices y pájaros con reclamo.

chuchería

  (de chocho)
f. Fruslería pulida y delicada.
Alimento ligero, golosina.

chuchería

  (de chuchero)
f. Acción de chuchear (coger caza menor).

chuchería

(ʧuʧe'ɾia)
sustantivo femenino
1. objeto de poco valor y tamaño que tiene valor sentimental regalar una chuchería
2. culinario alimento ligero y sabroso que se toma por placer y no por su valor nutricional comer una chuchería
Sinónimos

chuchería

sustantivo femenino
fruslería, baratija, friolera.
La chuchería sugiere delicadeza o lindeza.
Traducciones

chuchería

candy, bauble, titbit, trinket

chuchería

soprammobile

chuchería

SF
1. (= golosina) → sweet, candy (EEUU)
2. (= bocada) → titbit
3. (= adorno) → trinket
Ejemplos ?
Por aquel tiempo de Navidad, la idea del convento se asociaba a la de mil golosinas y chucherías, de esos juguetes del claustro que encantan a los pequeños, porque son producto de un espíritu infantil...
Hasta las jóvenes de la aristocracia, cuando vestían de trapillo para visitas de vecindad, no desdeñaban lucir aretes de coral falsificado. En una palabra, las alhajas y otras chucherías traídas por El Gran poder de Dios se pusieron á la moda en Lima.
El sol cae esplendoroso sobre la mitad de la calle, iluminando con sus rayos de estío las húmedas y floridas macetas que embellecen las rejas y los balcones de las humildes viviendas; la ropa que puesta a secar en improvisados tendederos ondula cual brillantes banderolas; el viejo y ruinoso muro por encima del cual asoma el árbol su frondosísimo ramaje; los umbrales solitarios de los pobres edificios en los cuales sólo algún que otro rapaz encuerino osa retar al sol con inconsciencias infantiles; la gran cortina roja de la barbería del Cariñena y la azul del hondilón de Cayetano; el puesto de Cloto la Pipiola, que defiende sus poco tentadores confites y chucherías oseando las moscas con un largo mosquero de papel...
Ño Ambrosio el inglés, como llamaban las limeñas al mercachifle, convencido de que el comercio de cintas, agujas, blondas, dedales y otras chucherías no le producirían nunca para hacer caldo gordo, resolvió pasar a Chile, donde consiguió por la influencia de un médico irlandés muy relacionado en Santiago que con el carácter de ingeniero delineador lo empleasen en la construcción de albergues o casitas para abrigo de los correos que al través de la cordillera conducían la correspondencia entre Chile y Buenos Aires.
Extendió allí Blasillo una limpia servilleta que sacó de las alforjas y colocó sobre ella los boquerones fritos, el pollo fiambre, el blanco pan y las apetitosas chucherías que para la merienda llevaba.
Farruco, risueño, contestaba: -No es tan fácil entrar aquí... ¡El escondrijo es bueno!... En todo caso, se llevarían cuatro chucherías de plata. -¿Y si nos matan, hermano?
Es que basta que, en esta tierra de libertad y de trabajo, se encuentren y se conozcan razas enemistadas hasta no perder ocasión, en su patria, de degollarse mutuamente, para que se estimen y hasta se quieran, fraternicen y se mezclen, como los armenios, musulmanes y cristianos que aquí venden en pacífica sociedad las mismas inofensivas chucherías.
Comenzaron por el despacho de Bovary y no registraron la cabeza frenológica, que fue considerada como «instrumento de su profesión»; pero contaron en la cocina los platos, las ollas, las sillas, los candelabros, y, en su dormitorio, todas las chucherías de la estantería.
Él sonreía, dejaba su lugar de labor, su templo de raras chucherías y corría al pequeño salón azul, a ver y mimar su gracioso dije vivo, y oír cantar y reír al loco mirlo jovial.
Regalos suntuosos para la esposa y para los hijos, muebles, artísticas chucherías de alto precio para la casa; todo aquello lo estimó Ester en un principio como fineza de esposo y de padre, mas pronto su experiencia, la intuición de su amor le enseñaron cuánto más vale la dádiva de un corazón que todas las riquezas del mundo.
Piter se encontró en una habitación esterillada, el suelo alfombrado cubierto de almohadones. Pequeñas mesitas laqueadas de rojo ponían al alcance de la mano chucherías de bronce.
Autorizada por el parentesco, Eugenia se puso a arreglar los objetos del tocador que su primo había llevado, y pudo maravillarse a su gusto de las chucherías de plata y oro, que retenía largo tiempo en sus manos bajo pretexto de examinarlas.