choza


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choza

(Del gallego-portugués choza.)
1. s. f. CONSTRUCCIÓN Refugio construido con palos y ramas o paja.
2. CONSTRUCCIÓN Cabaña tosca hecha en el campo consiguieron llegar a la choza antes de que estallase la tormenta.

choza

 
f. Cabaña formada de estacas y cubierta de ramas o paja.
Cabaña (casilla rústica).

choza

('ʧoθa)
sustantivo femenino
1. cabaña precaria de la gente de campo una choza de pastores
2. vivienda precaria hecha con materiales de desecho o de mala calidad las chozas del suburbio
Sinónimos

choza

sustantivo femenino
cabaña, barraca, rancho*, chozo, chabola.
Chozo y chabola se utilizan cuando la choza es pequeña.
Traducciones

choza

hut, hovel, shack

choza

Hütte

choza

hut

choza

cabana

choza

كوخ

choza

хижа

choza

小屋

choza

小屋

choza

chata

choza

hytte

choza

majan

choza

小屋

choza

choza

SFhut, shack
Ejemplos ?
El doctor Denis volvió a sonreír con obsequiosa máscara de chocolate, y el sacerdote, sirviéndole otro vasito de aguardiente de palma, prosiguió su relato: -Hace cosa de siete años se produjeron numerosas desapariciones, que, con toda razón, supusimos de origen criminal. Niños y doncellas, a veces hasta hombres robustos, salían de su choza para no regresar.
Era el obispo de Auriabella -que poco después falleció y ya estaba bastante enfermo del corazón- un señor bondadoso, lleno de unción y de dulzura, de esos que todo lo gastan en caridades; un verdadero pastor, humilde con dignidad, y alegre y chancero de puro limpia que tenía la conciencia; pero al venir a Illaos bajo la impresión de un hecho tan solemne, se encontraba muy conmovido; traía los ojos humedecidos, la respiración cortada y fatigosa, y aún parece que le estoy viendo en el momento en que, al divisar la choza de Juan del Aguardiente, saltó aprisa del caballejo que le habíamos proporcionado, se descubrió y se inclinó hasta el suelo ante los padres del confesor de Jesucristo...
A los siete días regresábamos al Canadá, a la misma choza estival que un mes antes nos había visto a los tres cenar ante la carpa.
Las luces postreras despiden apenas destellos, que tiemblan. La choza plebeya, que horcones sustentan; la alcoba, que arrean cristales y sedas; al sueño se entregan.
Y ese favor es que te vayas ahora mesmito a tu choza y, que le digas a tu padre que tiée un hijo que vale más que mi hija, y que como yo soy un envidioso y un to pa mí, que quieo que vengan mañana pa jacer conmigo un trato, poique yo quieo tamién que sea cosa mía un zagal como tú, que vale cien veces más que puée valer mi zagala y cien veces más que puée valer el Paco el de los Jazmines.
-De a ochavo y no de a ochavo -exclamó con acento impetuoso Joseíto-, poique es que mi jembra púo casarse con Tobalico el de Montejaque, que no es pan seco lo que masca, y a pesar de eso espreció ella sus haberes y se casó conmigo sabiendo que yo no tengo más que una choza y dos majuelos, y dende que se casó no le he podío yo mercar na de lo que reluce y de lo que más a ella le gusta, y como la probetica mía es más callá que un sótano y más humilde que el porvo que se pisa, y como además me tiée tanta voluntá, pos en jamás de los jamases ha dicho ni pío tan siquiera; pero como ella tiée pa mí de cristal la frente, pos sé las ducas que ella pasará cuando la otra encomienza a tirarle barrumbás y fantesías.
Emocionado, prosiguió: -Cuando llegué a Fernando Poo, la aduana era una valla de bambú y la Casa de Gobierno una choza al pie de la colina.
Al poco tiempo nomás el amor le picotió, y el mocito se casó con la hija del capataz; todo marchaba al compás de la dicha y del amor, y pa grandeza mayor, dios le mandó con cariño, un blanco y hermoso niño más bonito que una flor. Iban pasando los años muy felices en su choza: ella, alegre y güena moza; él, fuerte y sin desengaños.
Todo ocurrió en la primavera del año 80. Mi choza de ramas y techo de hojas de palma se levantaba en la isla de Leben. Allí me dedicaba a vivir desnudo en las caletas.
Al otro día, muy de madrugada, salió don Pascual con la comitiva, y después de recorrer gran trecho de monte sin dar con árbol que petase, llegaron á un sitio llamado el Rome- ral, en el cual se detuvo el artista, fijándose en un tronco her- moso que estaba frente á la choza de un pobre viejo, conocido por el apodo de ño Pachurro, tronco que le servía para amarrar su asno.
"Alí habló con los indígenas; éstos dejaron sus cargas en el suelo y se apartaron para recoger hojas de palma con que techar la choza que tenían que fabricar.
Yo no me daba cuenta de aquellos ojos anchos, con una luz paisana, donde el quieto país de la pupilas oprime la provincia de una lágrima. Yo no me daba cuenta de cómo todo eso habla de frío y choza y luz en la ventana.