chiripá


También se encuentra en: Sinónimos.

chiripá

(Del quechua chirípac, para el frío.)
1. s. m. Amér. Merid. INDUMENTARIA Y MODA Prenda de vestir del gaucho que consiste en un paño pasado entre las piernas y sujeto a la cintura por la faja.
2. Argent. Pañal que se pone a los niños es la pimera vez que cambia la chiripá a un niño.

chiripá

 
m. Prenda exterior de vestir usada por los campesinos de Argentina, Paraguay, Rio Grande do Sul (Brasil) y Uruguay, consistente en un paño que, a manera de calzones, cubre la mayor parte de los muslos y, pasando entre las piernas, se sujeta a la cintura.

chiripá

(t∫iɾi'pa)
sustantivo masculino
1. ropa paño atravesado por las piernas y sujeto a la cintura Los gauchos usaban chiripá.
2. pañal que se coloca a los bebés cambiarle el chiripá al bebé
Traducciones

chiripá

SM (Cono Sur) → Amerindian breeches pl kind of blanket worn as trousers
gente de chiripácountry people, peasants
Ejemplos ?
Estos ya no son, por supuesto, ni se acuerdan que sus padres hayan sido vascos de chiripá, de poncho pampa, de pito delgado y de rebenque grueso, con la tabaquera de vejiga o de cuero peludo arrollado, en la boina azul, guardando en los múltiples bolsillos, cerrados con patacones, del tirador grasiento, los boletos de la marca y de las señales, la papeleta de ciudadano español o francés, y los pesos, ganados a fuerza de sudor y de callos en las manos.
La ceguera es tristemente hermosa. "Truco" luce un chiripá de lona con ribetes de grasa; una camisa acuchillada, quizá de algún "conquistador" y remiendos de piel.
Las ovejas agarradas y maneadas en el corral, eran llevadas al galpón y colocadas sobre cueros tendidos expresamente; y allí los paisanos, casi todos trayendo chiripá de merino o arpillera, inclinados sobre el animal, en cuclillas unos y otros arrodillados, manejaban hábilmente la tijera de esquilar, quitando el vellón, que entero y limpio otros ataban con un hilo.
Y así hubo de ser, seguramente; y nadie hubiera sabido nada, tampoco, si algún fauno errante que, por casualidad, arrastraba por allá, entre los árboles, el chiripá, no hubiera contado a sus compañeros lo que en la obscuridad, decía que había visto.
Él, grave, se sentó, en actitud hierática, tieso, la cabeza descubierta, las manos extendidas sobre el chiripá, las rodillas bien juntas, conservando inmóvil y vaga la mirada, como si su pensamiento estuviese arrebatado en insondable inmensidad; mientras ella, con una modestia matizada de algún orgullo, sentada casi frente de él, dejaba traslucir en sus modales sumisos y afectos, la devoción ciega que profesaba a éste su amo y señor, el famoso médico del agua fría.
Un asado a lo que te criaste, así, al asador, no hay para mí festín igual en el mundo.» Y tomando en el balde agua con el jarro, don Narciso se tragó como medio litro y pasó el jarro a su vecino, agregando con la misma convicción con que puede decir: «¡Qué rico vino!» Rotschild, al probar su chateau Laffite: -«¡Qué linda agua la de este pozo!» Ahora, con la digestión principiante, don Narciso queda pensativo, acordándose de sus años de mocedad, cuando con el lazo en el anca del caballo, las boleadoras en la cintura, el sombrero de alas anchas levantado por delante, a lo gaucho, o por detrás, a lo compadrito, de fular punzó de la India en el cuello, con el cigarro negro entre los bigotes nacientes, de chiripá...
JOSÉ CENTURIÓN En la vida andar tirando me ha gustao un mancarrón; y menos en la ocasión llevar uno cabristiando. JULIÁN GIMÉNEZ Vamos dejuro aparcero a tarjarle el chiripá, tantas tarjas tiene ya que se parece a un arnero.
Elegantes y bizarros, sabían cómo se llevan el chiripá y las espuelas en la bota fina; y por el modo gallardo de colocarse en la cabeza el chambergo, no se podía negar que fueran criollos; pero no por esto tampoco manejaban peor la pala ni con menos destreza la guadaña que el labrador pesado, de huesos macizos y de músculos espesos, toscamente vestido de géneros burdos, cosido con hilo de acarreto.
Era Cata—como la llamaban—una mujer fornida y hermosa, color de cobre, ojos muy negros velados por espesas pestañas, labios hinchados y rojos, abundosa cabellera, cuerpo en vigor extraordinario, entraña dura y acción sobria y rápida. Vestía blusa y chiripá y llevaba el sabe a la bandolera.
Por cierto, en sus aspiraciones, no podía ser muy ambicioso; pero siquiera soñaba con poseer en propiedad, algo más que un sombrero grasiento, un poncho roto y un chiripá descolorido; quería llegar a tener algunos animales que llevasen su marca; algunas ovejas que le diesen su lana, y también algunas lecheras.
La figura más prominente de cada grupo era el carnicero con el cuchillo en mano, brazo y pecho desnudos, cabello largo y revuelto, camisa y chiripá y rostro embadurnado de sangre.
—De duendes —dijo— les voy a contar un cuento. Y recogió el chiripá, sobre las rodillas para que no rozara el suelo. Un cuento es para alguien pretexto de hermosas frases estudio, para otros; para aquéllos, un medio de conciliar el sueño.