chiquillería


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chiquillería

(Derivado de chico.)
1. s. f. coloquial Multitud de chiquillos.
2. coloquial Chiquillada, acción propia de un chiquillo.

chiquillería

 
f. fam.Multitud, concurrencia de chiquillos.
Sinónimos

chiquillería

sustantivo femenino
(col.)muchachada, niñada, niñería, chiquillerío (México).
Traducciones

chiquillería

marmaille

chiquillería

SFkids pl
Ejemplos ?
Tras esto es burlado y secuestrado por unas mujeres que le atan desnudo a una cama mientras le vejan y maltratan, y aun amenazan con cortarle el dominguillo, curiosa escena cómica y sadomasoquista que la crítica no suele mencionar; le echan a la calle en cueros y ensabanado y es persequido por la chiquillería, de la cual se esconde en una iglesia, donde es confundido con un fantasma y espanta a toda la concurrencia.
En algunos casos y especialmente en pueblos pequeños de Castilla y León las dianas pueden ir parando frente a cada casa del pueblo, estando sus habitantes "obligados" a ofrecer a músicos y acompañantes algún tipo de bebida (chocolate y refrescos para la chiquillería, y café, vino u otras bebidas para el resto) y comida (galletas, bizcochos y otros dulces, o también jamón, chorizo y otros encurtidos), así como donativos para sufragar los gastos de los festejos.
Operaban 12 escuelas y algunas recibían pupilos; sus alumnos estaban constituidos “por la chiquillería de la comarca, y aun algunos mocetones del Ejército, a quienes el general sitiador –Oribe– hizo previamente cortar las greñas, no sin protesta de los interesados” según Orestes Araújo.
Tras esto es burlado y secuestrado por unas mujeres que le atan desnudo a una cama mientras le vejan y maltratan, curiosa escena cómica y sadomasoquista que la crítica no suele mencionar; le echan a la calle en cueros y ensabanado y es perseguido por la chiquillería, escondiéndose en una iglesia, donde es confundido con un fantasma y espanta a toda la concurrencia.
La llegada de la fiesta era anunciada por el tamborilero, que aún conocimos en la década de los cincuenta en la persona de un hombre ya sexagenario, alto y enjuto, seguramente ""El Contrabandista" o "El Titi", que el sábado anterior a la romería recorría las calles al son de tambor mientras los vecinos salían a sus puertas y la chiquillería le seguía gozosa por el anuncio de la celebración del día siguiente.
Pero en realidad tanto esta machina como la anterior que se había quedado vieja para lo que mejor sirve es para el baño y los juegos de la chiquillería del pueblo que tradicionalmente la han venido utilizando a modo de trampolín.
La fiesta del Cazador consistente en pasear en burra por las calles del pueblo, seguido de la chiquillería, al cazador o cazadores que menos perdices han matado durante la temporada de caza, también está siendo recuperada por la Sociedad de Cazadores.
Tuvo que retroceder, que dar la espalda, que salir corriendo, para evitar los proyectiles que disparaba la chiquillería, para librarse de las manos que procuraban hacer presa en su carne, para huir de la multitud que trotaba en pos suyo.
Sobre tan buenas partes era Damiancito sumamente rezandero y edificante, comulgador insigne, aplicado como él solo dentro y fuera de la escuela, de carácter sumiso, dulzarrón y recatado, enemigo de los juegos estruendosos de la chiquillería, y muy dado a enfrascarse en "La Monja Santa", "Práctica de Amor a Jesucristo" y en otros libros no menos piadosos y embelecadores.
Recordé que, en la infancia, los granujillas y mocosuelas de mi casa y de la vecindad, nos agrupábamos, en las noches de clarísima luna, en torno de alguna vieja, gran cuentista, cuentera ó contadora de cuentos, (que de los tres modos sabíamos decirlo, sin cuidamos del Diccionario,) y se nos pasaban las horas muertas oyéndola narrar consejas que, si ahora las cali- ficamos de ñoñerías sin entripado, á la chiquillería parecie- ron verdades como el puño, y con más intención que un toro bravo.
Sangrante y activa, la maternidad de la costurera se exasperaba ante el espectáculo de la chiquillería del barrio, que desde la reja veía pulular por las estrechas aceras y el sucio arroyo.
Mientras la boquiabierta chiquillería estudia aquella borriquilla que luce ese cabezal tan lindo; que mueve la cabeza con las orejas tan quietas; mientras adivina cómo el Señor se sostiene tan bien sostenido sin montura y sin estribos, Rogelio sigue rezando, maquinalmente, sumido en aquel despertar para él tan inopinado.