Ejemplos ?
¡Desde el día siguiente -desde temprano-, que Anita Dolores se preparase! ¡Allí iría, a reclamar la chiquilla, a escandalizar si era preciso!
-Pos pa mí ya puée dir jechando ese gachó sus méritos en aguardiente de Faraján u de Jubrique u de Cazalla de la Sierra. -Pero chiquilla, ¡tú estás loca!
Calló al pronto Nora, y después, con énfasis, murmuró, respondiendo a la observación de su madre: -Feo será, pero se me parece mucho. Y como su madre se echase a reír otra vez de la inesperada ocurrencia, añadió la chiquilla: -Pues es verdad.
-No te vayas hoy; por Dios y por su Santísima Madre te lo pío -díjole Clotilde con acento tan dulce, tan suplicante, a Paco, que éste tuvo que echar mano a todo el repuesto de sus energías para responderle: -Si no puée ser, chiquilla, si es que tengo un compromiso mu grande.
La prueba de que seguiría siendo chiquilla, eran las dos muñecas enormes, vestidas de sedas y encajes, que encontró en su tocador, muy graves, con caras de tontas, sentadas en el confidente de raso.
-No; pero es que ahora no me vas a llevar en el pensamiento; es que hoy me vas a llevar contigo. -¿Y cómo te vas a venir conmigo, chiquilla, cómo te vas a venir conmigo, si yo he venío a caballo?
Una chiquilla fresca, llena de vida, de ojos brillantes, de carrillos como rosas; pero qué demonio, ¡hay tantas así desde el Sil al Avieiro!
Solo no vas, porque yo no quiero que vayas solo. -Si yo nunca voy solo a ninguna parte, chiquilla; si yo siempre te llevo a ti colgá de mi pensamiento.
Ni saben de los hombres que lucharon allí, ni de las mujeres que vertieron agua hirviendo sobre los enemigos que, vestidos de blanco para confundirse con la nieve, trepaban por el lado exterior del muro. Los pobres chiquillos seguían jugando alegremente. ¡Juega, juega, chiquilla! Pronto pasarán los años.
El mismo día en que la picantera y el oficial de ebanista decidieron quedarse con la chiquilla, en calidad de madrina, la llevó á confirmar, declarando que la ahijadita se llamaba María Abascal, adjudicación de paternidad que tal vez nunca llegó á oídos del virrey.
55 Tú al fiero joven en las manos una florida chiquilla, tú mismo, le das, del regazo de la madre suya, oh Himeneo Himen, oh Himen Himeneo.
Io, Himen Himeneo, io, io, Himen Himeneo. Vosotras, buenas mujeres, de vuestros viejos hombres conocidas bien, 180 colocad a la chiquilla.