chillido

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chillido

s. m. Sonido inarticulado, fuerte y agudo acabó la reprimenda con un sonoro chillido.

chillido

 
m. Sonido inarticulado de la voz, agudo y desapacible.

chillido

(ʧi'ʎiðo)
sustantivo masculino
sonido muy agudo y estridente que lanza una persona o animal El herido daba chillidos de dolor.
Sinónimos

chillido

sustantivo masculino
Traducciones

chillido

couinement, cri

chillido

stridere, urlo, verso

chillido

بُكَاء, ولول

chillido

výkřik

chillido

skrig

chillido

Weinen

chillido

κραυγή

chillido

itku

chillido

krik

chillido

泣き叫ぶ声

chillido

울음 소리

chillido

kreet

chillido

gråt

chillido

płacz

chillido

choro, grito

chillido

skrik

chillido

เสียงร้อง

chillido

çığlık

chillido

tiếng kêu lớn

chillido

哭泣, 尖叫

chillido

尖叫

chillido

SM [de persona] → shriek, scream; [de gato, animal salvaje] → screech, yowling; [de ratón] → squeak; [de cerdo] → squeal; [de ave] → screech, squawk
Ejemplos ?
Y este soy yo: de este año de fiestas y motines sentí no más pasando zumbar en mi balcón los ecos más discordes, con pretensión de afines al parecer, pues juntos y a un tiempo oí clarines, campanas, tiros, órganos y salvas de cañón: aplausos, mueras, silbas, los salmos del entierro, el Réquiem y el Hossanna, los pitos y el fagot: murgas, orfeones, bandas, el arpa y el cencerro, chillidos de dos monos y hasta el ladrar de un perro…; todo el confuso estrépito que, huyendo de su encierro, harían las cuarenta legiones de Astaroth.
A la puerta de un restaurante, unos vagabundos italianos entonaban otra romanza melancólica, semejante a la de Florencia, pero que parecía deshonrada por el lugar, lejos del dulce paisaje en que vio la luz, cortada a trechos por los chillidos del cornetín del vecino baile, interrumpida por el trotar de los borriquillos alquilones de Robinsón y los gritos de las muchachas que se bamboleaban sobre la silla, próximas a caer, mostrando sus piernas con el impudor del miedo.
Nunca me imaginé que los monos pudieran concertar tan variadísimas sinfonías de chillidos, rugidos, lamentaciones, gritos, ronquidos, rebuznos y aullidos como los que estas bestias peludas, negruzcas, rojas y amarillentas componían desde sus alturas.
Y sonaban chillidos, y exclamaciones apasionadas, y graves voces moderadoras, y la mercancía despachábase al vuelo, y no tenían los dependientes manos para envolver y atar tanto paquete, que la impaciencia de la clientela menuda no consentía que le fuesen enviados a casa, sino que ansiaba cargar con ellos allí mismo, en el anhelo de la toma de posesión.
Nuestra pequeña caravana era acompañada por los arrullos de las palomas silvestres, las voces atroces de los papagayos, los ronquidos de los filicoti, los chillidos de los monos, que se desgañitaban, huyendo rápidamente por las ramas más altas.
Empaquetado todo el mundo se confunden en el aire los ladridos del perrito, la tos del fraile, el llanto de la criatura; las preguntas del francés, los chillidos del bambino, que arrea los caballos desde la ventanilla, los sollozos de la niña, los juramentos del militar, las palabras enseñadas del loro, y multitud de frases de despedida.
Al cabo, la turba llegó a los palcos de las asombrosas máscaras, que ya no lo eran realmente, pues descubrían su rostro. Y, al empujar la puerta, se oyeron clamoreos, chillidos, a los cuales sucedió un estupor profundo.
Los niños jugaban en la antesala; se oían sus voces, sus chillidos, su batalla con las cuatro sillas que les servían para improvisar un coche; allá, muy abajo en la calle, poco transitada, rodaba algún simón, se alzaba algún pregón; el sol se ponía; un frío suave, ligero, cruzaba los vidrios, y las cabezas de Miguel y de Romana se aproximaban involuntariamente, al inclinarse para mejor ver las pruebas.
Grande era mi asombro, cuando las mujeres, sucias y desgreñadas, huían de mí exhalando chillidos; cuando los niños, negruzcos y feos como sapos, me tiraban piedras desde el escondrijo de los picantes setos de nopal...
Salieron brazaletes y orlas, cadenas y pinjantes, lanzaderas, sartas y «perros» endiamantados, que ella cogía, tocaba, probaba, se colgaba, se ceñía, con leves chillidos y exclamaciones de placer.
El ratón, al soltarlo la rana, cayó en seguida de espaldas sobre el agua; y apretaba las manos; y, en su agonía, daba agudos chillidos.
Mas acercó a verlo Lameplatos, que se hallaba en el blando césped de la ribera; y, profiriendo horribles chillidos corrió a participarlo a los ratones.