chillido


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chillido

s. m. Sonido inarticulado, fuerte y agudo acabó la reprimenda con un sonoro chillido.

chillido

 
m. Sonido inarticulado de la voz, agudo y desapacible.

chillido

(ʧi'ʎiðo)
sustantivo masculino
sonido muy agudo y estridente que lanza una persona o animal El herido daba chillidos de dolor.
Sinónimos

chillido

sustantivo masculino
Traducciones

chillido

couinement, cri

chillido

stridere, urlo, verso

chillido

بُكَاء, ولول

chillido

výkřik

chillido

skrig

chillido

Weinen

chillido

κραυγή

chillido

itku

chillido

krik

chillido

泣き叫ぶ声

chillido

울음 소리

chillido

kreet

chillido

gråt

chillido

płacz

chillido

choro, grito

chillido

skrik

chillido

เสียงร้อง

chillido

çığlık

chillido

tiếng kêu lớn

chillido

哭泣, 尖叫

chillido

尖叫

chillido

SM [de persona] → shriek, scream; [de gato, animal salvaje] → screech, yowling; [de ratón] → squeak; [de cerdo] → squeal; [de ave] → screech, squawk
Ejemplos ?
Los altercados, los diálogos, las carcajadas, el chillido, la rebatiña vertiginosa de la venduta, componían, sumados también, el balandro de la bestia.
El se dentró por una gulunera muy escura y muy medrosa que parecía un socavón, y fué a repuntar por allá a unas californias ondi había muchas escaleras que ganar, y unos zanjones muy horrendos por onde corrían unas aguas muy mugrientas y asquerosas. A tiempo que pasaba por una puertecita oyó un chillido como de cuchinito cuando lo'stán degollando, y si asomó por una rendija.
Allí fue cuando un elefante de todos aquellos, el más voluminoso, se enderezó hacía a mí; alzó su colosal pierna, que ya la veía sobrevenir y aniquilarme… Un agudísimo chillido hizo zarandear como un relámpago a los paquidermos.
ruzaba las nubes, águila refulgente, con las poderosas alas perladas de rocío, fijos los ojos de presa en la niebla solar, dormido el corazón en dulce aburrimiento al amparo del pecho forjado en tempestádes; en derredor, el silencio que hacen los rumores remotos de la tierra, y allá en lo alto, en la cima del cielo, dos estrellas mellizas derramando bálsamo invisible. Desgarró el silencio un chillido estridente que decía: «¡La Correspondencia!...» Y vislumbró Augusto la luz de un nuevo día.
Sobre los morenos hombros, emergiendo de los encajes de la ropa de noche, se alzaba la cabeza juvenil, de facciones impecables, selladas con sello de energía, y aureolada por cabellera rizosa y corta, color Ticiano, que la tijera despuntaba incesantemente. -¡Señora! ¡No ha de ser de día! El chillido de Fanchon petrificó a la amazona... ¡De día! ¡Y ella no veía nada!
¡En aquel mismo momento, con redoble fiereza, lo lanzaban, desgarrado en los escollos, al mar, tan azul, tan tranquilo! Y la hija del tabernero, con una especie de histérico chillido, insistía: -¡Quísome coger ese condenado!
El águila lanzó un espantoso chillido y se revolvió furiosa contra su enemigo, que por evitar el atropellado movimiento de los párpados se metió dentro de uno de los agujeros de la nariz del ave y comenzó a picarla, con lo cual ella principió a estornudar y a dar vueltas como loca, pegándose fuertes zarpazos en el pico sin lograr otra cosa que ensangrentarse.
Podría citar el testimonio de muchísimos próceres de la independencia que aún viven, y que sostienen que la voz del vencedor de España era delgada, y que tenía inflexiones que a veces la asemejaban a un chillido, sobre todo cuando estaba molesto.
Carmen, sintiendo que a su pena se agrega algo como un ultraje, y, concentrando toda su amargura, toda su humillación en un chillido muy largo, se arrastra de hinojos hasta la camilla del Maestro, y, hundiendo la cara en los tendidos, sigue sollozando.
Augusto ya no es un hombre, es un rayo que cae en la habitación; un chillido agudo le convence de que le han conocido; asesta una pistola, de dos que trae, al seno de su amigo, y el seductor cae revolcándose en su sangre; persigue a su miserable esposa, pero una ventana inmediata se abre y la adúltera, poseída del terror y de la culpa, se arroja, sin reflexionar, de una altura de más de sesenta varas.
Era un hombrecillo menudo, todo chillido, que parecía que rezumaba de palabras por todas sus conjunturas, zambo de ojos y bizco de piernas, y me parece que le he visto mil veces en diferentes partes.
Ventura se asfixiaba; una bola candente, enorme, subía impetuosa, empujada sin duda por diabólicas manos, de su vientre a sus pulmones y de éstos a su gorja, al mismo tragadero y respiradero; ni el chillido de desesperación lograba abrirse camino; el torso de la moza empezaba a arquearse; el busto se echaba atrás violentamente, a pesar del esfuerzo de los que la contenían.