chilaba

chilaba

(Del ár. yillaba, traje de esclavo.)
s. f. INDUMENTARIA Y MODA Prenda de vestir con capucha usada por los musulmanes.

chilaba

 
f. Pieza de vestir, con capucha, que usan los árabes.
Traducciones

chilaba

Djellaba

chilaba

djellaba

chilaba

Djellaba

chilaba

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chilaba

djellaba

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chilaba

djellaba

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chilaba

djellaba

chilaba

SFjellaba(h)
Ejemplos ?
Cuando tropecé con él andaba descalzo, su turbante era un trapo indecente y su chilaba hubiese avergonzado a un mendigo del Zoco.
Secretamente pensaba en renunciar a la religión musulmana, en cambiar la chilaba, las babuchas y el fez por un correcto traje europeo y un hongo discreto, y abandonar a su familia para ir en seguimiento de Enriqueta Dogson.
Que el primo Guillermo se percató de ello lo demuestra el hecho que sin ningún pudor se arrodilló delante de Taman, y tomándole la chilaba, le dijo: -Escúchame, honorable hermano mío...
Primero descubriría a los contrabandistas, si podía, y luego vería el Alto Comisionado. El Susi echó la mano al bolsillo interno de su chilaba y extrajo un periódico de la mañana.
Ibu Abucab comprendió que su visitante pertenecía a la aristocracia indígena, pues su chilaba era de muy fina lana, y de su espalda colgaba una capa con capucha revestida de seda.
Se ataviaba con una chilaba gris, tan andrajosa, que hasta llegaba a inspirarles piedad a las miserables campesinas del aduar de Mhas Has.
Hacía algunos años, los dos compinches, entre las nieves del Himalaya, aturdieron a palos a un espía prófugo de la policía in-glesa. Inútil que, intentando defenderse, el fugitivo tomara por la chilaba a Mahomet, al adivinar sus ladrones propósitos.
¡Mardan Bey, primer ministro! Abdalá el Susi, parsimoniosamente, volvió a doblar el periódico en ocho dobleces y se lo guardó entre el pecho y la chilaba.
A través de la tela de su chilaba sentía que la temperatura de aquella mano tan ardiente se iba filtrando a lo largo de su ser como un filtro de aborrecida y ansiadísima debilidad.
Prosiguió el "jefe de la conversación": -Entonces comenzaron a desnudarme, y me despojaron de mi hermosa chilaba negra, porque yo en aquellos tiempos tenía una muy fina chilaba negra que me había...
Se detuvo, abrió la portezuela; cuando puso el segundo pie en el suelo, un palo cayó sobre su cabeza; cuando despertó estaba amarrado de pies y manos; dos hombres cubiertos por el capuchón de la chilaba, con gruesas barbas hasta los pómulos, le miraban en silencio.
Estalló un curtidor: -Maldito hablador. Deja en paz tu chilaba. Cuéntanos lo que te pasó en el interior de la casa. Pacientemente, continuó el ciego: -Los vuestros son paladares de asnos, no de gacelas.