chichisbeo

chichisbeo

(Del ital. cicisbeo.)
1. s. m. Coqueteo, flirteo no soportaba ser víctima de su chichisbeo cursi y frívolo.
2. Modo de comportarse del galanteador.

chichisbeo

 
m. Obsequio continuado de un hombre a una mujer.
Ejemplos ?
También era sensible a los detalles del costumbrismo (poema sobre el chichisbeo) y la literatura popular y de cordel; no le hacía ascos a demostrar su ingenio, como en Décimas improvisadas en una tertulia sobre los títulos de comedias que elegían unas señoras.
Su obra más conocida, publicada en 1729, fue el Chichisveo impugnado, sobre la costumbre del cortejo galante y la coquetería femenina; obra que en 1737 le plagió Juan José de Salazar y Ontiveros, bajo el seudónimo de Abad de Cenicero, en su Impugnación católica y fundada a la escandalosa moda del chichisbeo.
En aquellos siglos había dos expedientes soberanos para hacer entrar en vereda a las hijas y a las esclavas. ¿Era una esclava ligera de cascos o se espontaneaba sobre algún chichisbeo de su ama?
No obstante la paternal vigilancia, a ninguna muchacha le faltaba su chichisbeo amoroso; que sin necesidad de maestro, toda mujer, aun la más encogida, sabe en esa materia más que un libro y que San Agustín y San Jerónimo y todos los santos padres de la Iglesia que, por mi cuenta, debieron ser en sus mocedades duchos en marrullerías.
De repente, y sin que le hubiese caído lotería ni heredado en América a tío millonario, se le vio desplegar gran boato, dando pábulo y comidilla al chichisbeo de las comadres del barrio y demás gente cuya ocupación es averiguar vidas ajenas.
Pero no todo es tortas y pan pintado en este valle de lágrimas, y cuando más confiada estaba doña Feliciana en que su marido no pensaba sino en ganar peluconas, recibió de Ica una carta anónima en que la informaban, con puntos y comas, de cómo el señor Mesía tenía su chichisbeo, y cómo gastaba el oro y el moro con la sujeta, y que la susodicha no valía un carámbano ni llegaba a la suela del zapato de doña Feliciana, que aunque jamona, se conservaba bastante apetecible y no era digna de que el perillán de su marido la hiciese ascos.
A pesar de su mocedad no despuntaba por el juego, el vino y los amoríos, que nunca se le conoció el menor chichisbeo con soltera, casada o viuda, sino por un excesivo celo religioso que picaba en fanatismo.