Ejemplos ?
Dolores fue a contestarle, pero tropezaron sus ojos con los de la señora Rosario, posados en ella con severa expresión, y dando media vuelta dijo con acento desdeñoso y sin dirigirse, al parecer, a don Paco: -¡Vaya una mañanita con mal arate, chavó!
En vano exploró -repetimos- aquellos rincones y convencido de lo estéril de su busca tornó los dolientes ojos el tío Cerote a la señá Rosario, su apergaminada consorte, y díjole con acento tristísimo y con profunda expresión de desaliento: -Güena mañanita, chavó, güena mañanita, señá Rosario.
Lo menos jechó Dios una quincena en fabricar ca una de sus farciones, y tiée una nariz que es un dije, y una boca que es otro dije, y dos orejas que son dos dijes, y dos ojos que no son ya dos, sino doscientos mil millones de dijes; en fin, un pasmo, chavó, un pasmo es lo que tiée Pepilla por frente y por perfil, y aluego si fuera eso sólo, menos mal; con taparse dambos ojos con dambas manos cuando se la trompezara uno...
-Pero si es que se necesita estar más loco que un cencerro, chavó; si es que el Niño, desde que cogió el pasmo, no gana pa comprarle yeros a una tórtola.
-Sí, el cuerpo sí, y el pelo tamién; pero tiée un cutis que está pidiendo una garlopa, y, aluego, una dentaura... chavó, ¡valiente dentaura!
Ay Curruco, ay Curruco de mi corazón, y en qué mala horita jeché yo al mundo a ese charrán de mi Pepe que arrastrao se vea y a quien un divé le dé sarna que rascar jasta que yo alevante el deo. -Pero chavó, comadre, ¿qué nueva chanaíta es la que le ha jugao a usté ese querubín apóstata?
-Oye tú, Cayetano, ¿me quiées tú decir, chavó, qué es lo que te pasa pa tener como tiées hoy tan fruncío el entrecejo? - exclamó el señor Frasquito el Trebujena acercándose al banco, donde aquél hacia correr la garlopa, con nerviosa ligereza, sobre un grueso listón de pino del que arrancaba muchas y rizadísimas virutas.
-Pos la Paloma encomenzó a llorar como si estuviera abocaíta a morirse, y en las jieles se vio el Toño pa consolarla, y a los tres o cuatro días le estaba ella pidiendo perdón por sus alegrías de ojos con el de Chiclana, y el de Chiclana, que lo que andaba buscando era un recreo de upa, al ver la que se le venía encima, un día se largó a Ecija con un tío suyo juyéndole al calor, y desde aquel día no se le podía mentar el mozo a la Rosario sin que ésta tuviera que tomarse a escape un contra veneno. -¡Por vía del de la Jalapa, chavó!, eso se llama tener luz en la pupila.
Pos Rosarito, al ver salir al otro de estampía, rompió el trapo a reír como si fuese de aquel mó a ganar un salario, y yo me pegué a la ventana, y ná, hombre, ná, que la mu alma mía no me ha dejao venir jasta que ha conseguio que le prometa que no he de meterme en naíta en contra de sus quereles. -¡Pero eso como ha sío, chavó?
Pero ¿qué es esto, camará, ya hemos llegao? -¡Ronda, quince minutos! -¡Chavó, y cómo juye este argaijo! ¡Bueno, qué se le va a hacer!...
-¿Aónde vas tan de estampía? Chavó, ¿es que vas a avisarle al cura? Y al preguntarle esto, detenía por un brazo el tío Cáncamo a Pepe el Perejilero.
-No; ése es el que ahora está emperrao de firme en dar el santo y seña en la garita. -Pero oye tú, chavó, ¿te has creío tú que los novios son chaponas?