chato

(redireccionado de chatas)
También se encuentra en: Sinónimos.

chato, a

(Del lat. vulgar *plattus, aplanado < gr. platys, plano.)
1. adj. Se aplica a la nariz que es aplastada y poco prominente.
2. adj./ s. Que tiene la nariz con este aspecto la chata desesperaba ante cualquier mención sobre su defecto.
3. Que tiene poco relieve o elevación clavo chato.
4. s. m. coloquial Vaso bajo y ancho de vino u otra bebida usado en bares y tabernas.
5. Bebida que se toma en este vaso.
6. s. Apelativo cariñoso para referirse a una persona ¡qué tal, chata!

chato, -ta

 
adj.-s. Que tiene la nariz poco prominente y como aplastada.
adj. Díc. de la nariz de esta figura.
Sin relieve, con menos elevación que las cosas de la misma especie.
m. Vaso bajo y ancho de vino u otra bebida.

chato, -ta

('ʧato, -ta)
abreviación
1. nariz que es plana o tiene poco relieve El niño tiene una nariz chata.
2. que es más plano o bajo que otras cosas de su misma clase una casa chata

chato, -ta

('t∫ato, -ta)
abreviación
1. persona, animal que tiene la nariz aplastada y poco prominente un perro chato
2. nariz que es aplastada y poco prominente Tiene la nariz chata.
3. que tiene poca elevación automóvil chato
4. persona que tiene poco nivel intelectual o moral hombre chato de pocas aspiraciones

chato, -ta

('ʧato, -ta)
abreviación
1. nariz que es plana o tiene poco relieve El niño tiene una nariz chata.
2. que es más plano o bajo que otras cosas de su misma clase una casa chata

chato, -ta

('t∫ato, -ta)
abreviación
1. persona, animal que tiene la nariz aplastada y poco prominente un perro chato
2. nariz que es aplastada y poco prominente Tiene la nariz chata.
3. que tiene poca elevación automóvil chato
4. persona que tiene poco nivel intelectual o moral hombre chato de pocas aspiraciones
Sinónimos

chato

, chata
adjetivo
Traducciones

chato

low

chato

plat

chato

شقة

chato

płaski

chato

плосък

chato

platt

chato

แบน

chato

A. ADJ
1. [nariz] → snub
2. (= plano) [objeto] → flattened, blunt; [barco] → flat
3. (Arquit) → low, squat
4. (Andes, Chile) [persona] → short
5. (Méx) (= pobre) → poor, wretched
quedarse chatoto be disappointed (con at)
B. SMtumbler, wine tumbler
Ejemplos ?
Un mes después del incendio y hundimiento de la escuadra peruana, el mismo contralmirante Riveros en una comunicación a su ministro de guerra en campaña, Vergara, le decía: “He averiguado que la compañía del Dársena podría encargarse de la extracción de todas las embarcaciones a pique, sin otra ganancia que el casco del “Chalaco”, tal como se encuentra, a condición de que para hacer ese trabajo se le faciliten las chatas del gobierno (chileno) y bombas que hay disponibles, y se le venda a precio de costo la madera que necesite para ese trabajo, y que el gobierno tiene en los transportes”.
Casas nuevas y chatas, calle de empedrado tumultuoso por la tortura diaria de enormes carros, veredas angostas plagadas de traspiés, nada me distraía, cuando el rumor de una voz quejumbrosa llegó a mí, al través de la noche, pálidamente aclarada por un pedazo de luna muriente.
Le conocían bien por sus brutales majaderías, por sus caprichos de matón, que alarmaba todo el golfo; y las plantas submarinas que tapizaban los peñascos agitaban sus puntiagudas y verdes cabelleras, como si quisieran gritar con angustia: «Atención, que llega ese loco.» Las almejas, gente tranquila que huye del ruido, al ver aproximar-se el torbellino de espuma y furiosos coletazos, replegábanse medrosicas, cerrando herméticamente las dos hojas de su negra vivienda; los erizos apelotonábanse, formaban el cuadro, presentando por todos lados sus haces de agudas bayonetas; los calamares sentían tal miedo, que se envolvían en su diarrea de tinta; los gato s de mar sacaban por entre las piedras sus chatas cabezas y vientres atigrados con trémula inquietud...
El aire está inmóvil y un hálito abrasador parece desprenderse de aquellas tierras chatas y áridas, cortadas en todas direcciones por los tapiales, los setos vivos y los alambrados de los potreros.
Feo el motivo del indio, o lo que sea, retorcido; grandote el clisé para el libro tan reducido de tamaño; mal combinados ese verde de las letras —chatas y anchas— con ese borra de vino del indio.
¡Sí!, lancheros; sobre las grandes embarcaciones chatas y negras; colgándose de la cadena que rechina pendiente como una sierpe de hierro del macizo pescante que semeja una horea; remando de pie y a compás; yendo con la lancha del muelle al vapor y del vapor al muelle; gritando: ¡hiiooeep!, cuando se empujaban los pesados bultos para engancharlos en la uña potente que los levanta balanceándolos como un péndulo; ¡sí, lancheros!, el viejo y el muchacho, el padre y el hijo; ambos a horcajadas sobre un cajón, ambos forcejeando, ambos ganando su jornal, para ellos y para sus queridas sanguijuelas del conventillo.
Entonces me detenía a conversar con los pilotos de las chatas que se burlaban de mis ofrecimientos, a veces asomaban a responderme de las humeantes cocinas, rostros de expresiones tan bestiales, que temeroso me apartaba sin responder, y por los bordes de los diques caminaba, fijos los ojos en las aguas violentas y grasientas que con ruido gutural lamían el granito.
Ayer mismo aplicó una sanción a algunos obreros del puerto, tripulantes del vapor “Delfín”, que se negaron a dar remolque a unas chatas de la casa Wilson –que está boycoteada- en chatas que conducían carbón para las usinas del Estado.
Sus manos sin guantes, aunque fuertes y varoniles, eran aristocráticas, muy cuidadas y bonitas, con dedos afilados en la extremidad y encanutadas las uñas, en vez de ser cortas y chatas.
Por las chatas calles del arrabal, miserables y sucias, inundadas de sol, con cajones de basura a las puertas, con mujeres ventrudas, despeinadas y escuálidas hablando en los umbrales y llamando a sus perros o a sus hijos, bajo el arco de cielo más límpido y diáfano, conservo el recuerdo fresco, alto y hermoso.
Cruzamos por la plaza de armas, empedrada y sombreada por enormes ficus, en un ángulo estaba la Iglesia de la Compañía, con un mitológico animal sobre la puerta y con sus torrecillas chatas.
Allí, los verdugos -que en otro tiempo hacían a Diego temblar de horror-, los sayones, de torvas cataduras y velludas fisonomías, de chatas frentes y cuerpos color de ocre, ostentando en la cabeza duro capacete o aplastado turbante, desnudo el torso, señalando con violentas actitudes la recia musculatura de sus fornidos brazos, tirando de las sogas o apretando, amenazadores, los iracundos puños.