CHA

(redireccionado de chas)

cha

 
m. Nombre genérico que dan los chinos al té y, p. ext., los filipinos y algunos hispanoamericanos.
CHAComunidad Homosexual Argentina
Traducciones

cha

SMShah
Ejemplos ?
ORESTES Lo será, si no se aleja de mi vista. ¿No oís, no veis las flechas aladas que vuelan del arco manejado con firmeza? ¡Ah, ah!
Dentro de Parque Chas dejamos estacionados esa noche los dos autos operativos: la pick-up Chevrolet y un Peugeot 404 blanco; y tres coches más que se iban a necesitar: una Renoleta 4L blanca mía, un taxi Ford Falcon que estaba a nombre de Firmenich, y una pick-up Gladiator 380, a nombre de la madre de Ramus.
Pronto vieron como una nubecita de humo a lo lejos, y oyeron un ruido de chas-chas en el río como si golpearan el agua muy lejos.
Pero en seguida volvieron a asustarse, porque el humo gris se cambió de repente en humo negro, y todos sintieron bien fuerte ahora el chas-chas-chas en el agua.
Y como estaban muy cansados, se acostaron a dormir en la playa. Al otro día dormían todavía cuando oyeron el chas-chas-chas del vapor.
El amanecer de las selvas tropicales, cuando sus macacos aulladores y sus verdes bandadas de guacamayos saludan al sol, me ha recordado muchas veces los tres puentes del navío genovés, con su feria babélica de tipos, de trajes y de lenguas, pero más, mucho más me lo recordaron las horas untadas de opio que constituían la vida a bordo de La Dalila.
Está quejoso de vosotros, que antes le acogisteis tan bien cuando, imitando unas veces al espíritu profético oculto en el vientre de Euricles, hizo que otros os presentasen mu­chas comedias suyas, y afrontando otras cara a cara el pe­ligro, dirigió por su mano sin ajeno auxilio los vuelos de su musa.
Después de hecha justicia, estando todos juntos, les torné a hablar, porque había entre ellos algunos caciques e indios prencipales, y les dije e declaré cómo aquello se hacía porque los había enviado mu chas veces a llamar y requerir con la paz, diciéndoles a lo que V.
Los vencedores encontraron en el campo seiscientas setenta y cinco mil ovejas, setenta y dos mil bueyes, setenta y un mil asnos y treinta y dos mil mucha­chas; se repartieron ese botín y mataron el resto.
Desde 1816 á 1820, los hacendados de Cañete dieron mu- chas corridas en comi etencia con los de Chancay, sin que podamos saber á cuál de los dos valles cupo la gloria de exhi- bir mejor ganado.
111 La fama de mujeriego que había precedido á Bolívar contri- buyó en mucho á que el gobernador encontrara lógica y acer- tada la descifración que, de las tres etcéteras, hicieron sus ami- gos, y después de pasar mentalmente revista á todas las mucha- chas bonitas de la villa, se decidió por tres de las que le pare- cieron de más sobresaliente belleza.
Además, lo juzgaban tan divertido y al-borozante dentro de la acostumbrada monotonía espacial que, sumidos en la esperanza del próximo festejo, resistían la lluvia palabrera de máquinas elocuentes y robotes habladores: “Tienen que respetar y venerar a nuestros ante-pasados”, decía con quebradiza voz, entre mu-chas aseveraciones...