Ejemplos ?
–Acaso. –¿Entonces? –Pues esto, charlar, sutilizar, jugar con las palabras y los vocablos... ¡pasar el rato! –¡Ellos sí que lo estarán pasando!
Ella se levantaba sobresaltada; pero a veces tenía que esperar, pues Carlos tenía la manía de charlar al lado del fuego y no acababa nunca.
Al ver la última escena, eché de menos la fórmula de cajón ó de ru- tina que usaron, en clías ya remotos, nuestras abuelas, para hacer charlar hasta por los cotíos á las penas 6 difuntos impalpa- bles que diz que se les aparecían á media noche:— Anima ben- dita, en nombre de Dios te ruego que me digas lo que se te ha perdido en mi casa.— Después de tal súplica, el espíritu del otro mundo no se hacía el remolón, y se espontaneaba y desembuchaba el entripado.
A poco rato notaron que se reunían una porción de golondrinas en el ala del tejado, y como son tan picoteras, se ponían a charlar unas con otras.
-De esa manera -dijo la prudentísima Angustias-, podréis veros y charlar los dos enfermicos, y nos será fácil a Rosa y a mí atender a ambos desde la sala, la noche que a cada una nos toque velaros.
Después volvía a subir, cerraba la puerta, esparcía las brasas y, desfalleciendo al calor del fuego, sentía venírsele encima un aburrimiento mayor. De buena gana hubiera bajado a charlar con la muchacha, pero un cierto pudor se lo impedía.
Lo mejor sería que se quedase... Yo vendría todas las noches a charlar un rato con usted... Si se va usted seré aún más desgraciado.
Tamberlick me había acariciado, y la incomparable Madama Lagrange, aquella artista con un corazón a la Malibran, se había entretenido en hacerme charlar durante los entreactos en su camarín, adonde solía llevarme mi hermano Jacinto.
Todas sus ideas parecían limitarse al cuidado de sí misma. Permanecía en cama tomando pequeñas colaciones, llamaba a su criada para preguntarle por las tisanas o para charlar con ella.
Cargado, perfumado, sin posos, aquel café me había alejado de los cafés, creía yo, para siempre... Hoy, agua de castañas por agua de castañas, prefiero la del café, donde encuentro con quien charlar...
¡Madre mía, ampárame!» Y al pasar junto a él, al cruzarse con él Eugenia, la saludó aún más con los ojos que con el sombrero. Estuvo a punto de volverse para seguirla, pero venció el buen juicio y el deseo que tenía de charlar con la portera.
abriendo los brazos, que habría contentado a Orestes en labios de Pílades. Me abrazó de buena gana y nos pusimos a charlar. - ¡Y qué tal, "Binomio", cómo va la vida?