Ejemplos ?
¡Con las muletas me basta y sobra para romperle la cabeza! -Márchate, Rosa..., y no hagas caso; que éstas son chanzas del señor don Jorge...-expuso Angustias, haciendo pedazos la carta-.
Pero basta de chanzas, y puesto que tienes remordimientos, ensayaré aliviarte y abrirte un camino más corto, para conducirte al conocimiento de lo que es santo, sin detenerte en tu marcha.
En el frecuente tiroteo de chanzas entre los dos poetas, decía el cojo Larriva que Echaray era Juicio final con patas; nido de garrapatas; envoltorio estupendo; tambora de retreta y sin remiendo; demonio vil injerto en papagayo que viste largo sayo; judío de Levante que lleva el pujavante para cortar los callos á Lonjino, su padre y su padrino.
¿No os parece que dije bien? Pues, a pesar de eso, hubo quien dijo que esas chanzas salían a la cara. Con que os lo aviso, señor Duende, y, por lo tanto, sería bueno que criticaseis cosas indiferentes.
Más tarde fue a visitar a otro asesor colegiado –o mayor, si se quiere–, gran amigo de chanzas, a cuyas mordaces observaciones solía contestar Kovaliov: «¡Demasiado te conozco a ti.
Otras monjas, aun las más mortificadas, y acaso éstas sobre todo, eran alegres, con ingenua alegría infantil: gastaban chanzas, reían a carcajadas de cualquier cosa y comentaba jovialmente el libro del padre Boneta, entonces recién publicado, y que corría por los conventos, Gracias de la gracia, saladas agudezas de los Santos..., donde se referían mil chistes y donaires de bienaventurados legos, niños y varones tan graves como San Francisco de Borja, San Bernardo, San Vicente Ferrer.
Podía haber aguas mejores que aquellas desde el aspecto hidroterápico, pero baños más famosos por las grandes chanzas permitidas, no los había.
Si los moradores de Arfe leyesen a Shakespeare, acordaríanse de cierta escena de Hamlet cuando divisaban al enterrador, con su risa de cementerio y sus chanzas de ultratumba, y Puri, tendida en su féretro, les evocaría la imagen de Ofelia.
Con retardo llegaron a la quinta, donde el percance ocurrido en Quita Calzones fue el tema obligado de la conversación y de la broma, no faltando alguno que dijera: "Vaya, sin ese incidente, no habría conocido prácticamente el canónigo, las chanzas del Quita Calzones".
Concluida la batida se suman las piezas, se reúnen las tropas, se cruzan apuestas sobre el número de vencejos que matarán en el pueblo el día siguiente; hay quien se atreve a matar con bala, de doce, nueve; se suceden las burlas y los denuestos entre los peritos, y los pobres aficionados se muerden los labios de despecho y se vuelven a la ciudad con una insolación o un tabardillo, la piel tostada y con la perspectiva ante los ojos de los sarcasmos y las chanzas de las damas que los esperan con impaciencia, para vengarse de la soledad en que las ha dejado una diversión que por lo regular aborrecen, como un rival que les roba sus víctimas y adoradores.
Las primeras veces cargaron sobre Micaela las pullas y chanzas de sus compañeras; pero acabaron por acostumbrarse a la presencia de aquel zagalón, que parecía un cacho de pan.
--¡Señor don Gabriel, al orden! --Sí..., sí, voy al orden, pues ni mi historia ni la controversia pendiente se prestan a chanzas ni donaires.