chamuscado

chamuscado, -da

 
adj. fig. y fam.Que está indiciado o tocado de un vicio o pasión.
m. Operación que consiste en quemar la pelusilla de la superficie de un tejido.
Traducciones
Ejemplos ?
ucho me he chamuscado las pestañas al calor del lamparín, buscando en antiguos infolios el origen de aquel tan gracioso como original disfraz llamado saya y manto.
Porque la moza vive, de recuerdo presente, en las raíces de Primitivo. Toda vez que masca un churrasco chamuscado, piensa en la ausente y suspira, no sabe si por ella o por la carne.
Pues ahora bien: ¿que mucho será que el chamuscado, sabedor de la anecdotilla susodicha, y respirando todavía por la herida, haya querido renovar las llagas al caido, y con alusion al lance de marras haya zampado á su Poncio-Pilato en el lugar consabido?
Breve relación en sustancia del nuevo descubrimiento que intentó y dejó comenzado don Joan de Oñate en la jornada que hizo entre Norte y Levante, y sucesos que tuvo; y razón sumaria de lo que a este propósito se ha considerado de lo que anda impreso de los naufragios de Cabeza de Vaca y jornadas de fray Marcos de Niza y, en lo antiguo y en lo moderno, de los descubrimientos que hay por escrito de Chamuscado y Antón de Espejo; y hácense advertimientos de la semejanza que tiene lo que ahora vio don Joan, con una parte de lo que vio Coronado; y lo que hoy gobierna en paz don Joan, con los demás que descubrió Coronado, si ya esto postrero no es lo mismo donde don Joan está, por las conjeturas que se dicen.
La gente, en su precipitación, arrancó al viejo Rabosa de su sillón de esparto para sentar al herido. El muchacho, con el pelo chamuscado y la cara ahumada, sonreía ocultando los agudos dolores que le hacían fruncir los labios.
Uno me decía que vivía hacia el sur, cerca del faro, y que se había chamuscado los bigotes; otro que vivía en la parte fangosa de más allá del puerto y que sólo se la podía ver cuando estaba la marea baja; un tercero que estaba encerrada en la cárcel de Maidstone por ladrona de niños; un cuarto, por último, dijo que en la última galerna la había visto, montada en una escoba, camino de Calais.
Al día siguiente, tempranito, trancó la bodega, después de encerrar en ella la ejecutoria y algunas escrituras; colgó la llave, por el anillo, de un tirante de su pantalón, puesta ya su mejor ropa; guardó en un pañuelo un par de camisas de estopilla, y pendiente este lío de un garrote de acebo chamuscado que se echó al hombro, partió hacia el camino real a esperar la primera diligencia que pasase con dirección a Madrid.
Engrisado por el esmog más transparente del aire, a pesar de Kieslowski, sólo es un demodé antepostmoderno ya bastante chamuscado por Darío, por Modugno y Blockbuster.
Afeitóse bien su barba de ocho días; vistióse una camisa, cuyos cuellos, aunque doblados por arriba un par de dedos, le cubrían la mitad de las orejas; cepilló y se puso su chaquetón pardo y su sombrero de copa negro-verdoso; empuñó su bastón de acebo chamuscado; aseguróse bien de que no falseaban las correas de sus zapatos de becerro, y dijo al elegante secretario de su amigo, como si toda la vida le hubiese tenido a su servicio: -Vamos andando.
No obstante, lejos de decir explícitamente «aceptamos», todos, y el primero el alcalde, dirigieron sus miradas inquietas a un rincón de la sala donde estaba sentado un viejo con calzón corto remendado, montera bajo la cual asomaban, entrecanos y nada limpios, dos mechones de pelos, uno sobre cada sien y de un palmo de largos, según la antigua moda, chaqueta al hombro y un garrote chamuscado con el que hacía garabatos sobre el polvo del suelo, fingiéndose distraído.
Sus uñas eran pedernal; sus dientes, de caoba; sus manos, de bronce pavonado por el sol; su cabello, por lo revuelto y empajado, cáñamo sin agramar, y por la calidad y el color, el cerro de un jabalí; su pecho, que la abierta camisa dejaba ver de hombro a hombro y del cuello hasta el estómago inclusive, parecía cubierto de una piel de caballo que se hubiese arrugado y endurecido a fuerza de estar sobre ascuas y, efectivamente, el cerdoso vello que poblaba su saliente esternón hallábase chamuscado, así como sus pobladas cejas...
i después de una tormenta pasan junto a un campo de alforfón, lo verán a menudo ennegrecido y como chamuscado; se diría que sobre él ha pasado una llama, y el labrador observa: -Esto es de un rayo-.