chambelán


También se encuentra en: Sinónimos.

chambelán

(Del fr. chambellan.)
s. m. HISTORIA Noble que acompañaba al rey, gentilhombre de cámara.

chambelán

 
m. Camarlengo, gentilhombre de cámara.

chambelán

(t∫ambe'lan)
sustantivo masculino
historia noble de la antigua corte del rey el chambelán del rey
Sinónimos

chambelán

sustantivo masculino
Traducciones

chambelán

Kammerherr

chambelán

chamberlain

chambelán

ciambellano

chambelán

Chamberlain

chambelán

Chamberlain

chambelán

تشامبرلين

chambelán

Chamberlain

chambelán

Чембърлейн

chambelán

Chamberlain

chambelán

Chamberlain

chambelán

チェンバレン

chambelán

체임벌린

chambelán

Chamberlain

chambelán

SMchamberlain
Ejemplos ?
En 1827 regresó a Berlín, fue nombrado chambelán del rey y se convirtió en uno de sus principales consejeros, por lo que realizó numerosas misiones diplomáticas.
Sobresaliente en su servicio al emperador, se le premió de manera excepcional al abandonar el cargo en la primavera de 1914, recibiendo el título de chambelán.
Una conferencia con el chambelán papal Karl von Miltitz en Altenburgo, en enero de 1519, llevó a Lutero a decidir guardar silencio en tanto así lo hicieran sus oponentes, escribir una humilde carta al Papa y componer un tratado demostrando sus respetos a la Iglesia católica.
Cuando en su majestad decreta los destinos, Ningún dios se atreve a mirarle. Es únicamente a su glorioso visir, el chambelán Nusku.
¡Bah! No creo que puedas tener nunca hebillas de plata en los zapatos como las del sobrino del chambelán. Y levantándose de su silla, se metió en su casa.
Y dos meses estuvo almorzando pechugas de faisán con vinos olorosos, y paseando por el jardín con su capa de armiño y su sombrero de plumas, hasta que un día vino un chambelán de casaca carmesí con botones de topacio, a decirle que la reina lo quería ver, sentada en su trono de oro.
-Temo que esta rosa no armonice bien con mi vestido -respondió-. Además, el sobrino del chambelán me ha enviado varias joyas de verdad, y ya se sabe que las joyas cuestan más que las flores.
Figuraba entre los concurrentes una chiquilla lindísima, pero terriblemente orgullosa; los criados le habían metido el orgullo en el cuerpo, no sus padres, demasiado sensatos para hacerlo. El padre era chambelán, y éste es un cargo tremendamente importante, como ella sabía muy bien.
Su majestad se valió, según costumbre, de su primer chambelán o gentilhombre, persona muy discreta, sigilosa e insinuante, para que interviniese en este negocio y allanase obstáculos; pero toda la habilidad de aquel experimentado paraninfo y todo el mar de dinero en que prometía hacer nadar a la viuda y a su hija fueron a estrellarse contra la inaudita virtud de ambas, más firme que una roca.
La Infanta, airada, dio un golpe en el suelo con su pie, y llamó a su tío, que estaba paseando con el Chambelán, mientras leían unas cartas recién llegadas de México, donde se acababa de establecer la Santa Inquisición.
—Habrá que hacer venir al verdugo —dijo enojado don Pedro. Pero el Chambelán, que miraba la escena con rostro grave, se arrodilló junto al enanito y le puso la mano sobre el corazón.
¿Quién le dice a usted, mi amigo, que el chambelán de servicio, emba­ rullado una mañana con el julepe que le dan los huíanos y las marchas y contramarchas se dejó algunas leguas atrás el carro donde venían los consa­ bidos para el consumo diario del soberano?