Ejemplos ?
Yo no estaba muy enterado de sobre qué comerciaba; pero tengo idea de que se trataba de chales de tisú de oro y colmillos de elefante.
Después del baño, mi tía y Janet me vistieron con una camisa y un pantalón de míster Dick y me envolvieron en dos o tres grandes chales.
Danme chales los califas, »Y alcatifas, »Y guirnaldas en la sien: »¡Dime, huerto, a mi ventura »Y hermosura Lo que falta en el harén!
Admiraba las grandes esponjas, que curaban con chorros de agua; los aparatos de goma, para cien usos, para mil comodidades de los enfermos; los frascos transparentes, llenos de píldoras que costaban caras, como perlas; las botellas elegantes, aristocráticas, bien lacradas y envueltas en vistosos papeles, como damas abrigadas con ricos chales; botellas de vinos de los dioses, todos dulzura y fuerza, la salud, la vida en cuatro gotas.
¿Y Persia, con su entrada religiosa de mezquita, de techo de azul vivo, y adentro, entre colgaduras verdes y amarillas, las cazoletas cinceladas de quemar los olores, los chales de seda que caben por una sortija, los alfanjes de puño enjoyado que cortan el hierro, las violetas azucaradas y las conservas de hojas de rosa?
Las señoras, de gorro, llevaban vestidos a la moda de la ciudad, cadenas de reloj de oro, esclavinas con las puntas cruzadas en la cintura o pequeños chales de color sujetos a la espalda con un alfiler dejando el cuello descubierto por detrás.
Me agradan las queridas tendidas en los lechos, sin chales en los pechos y flojo el cinturón, mostrando sus encantos, sin orden el cabello, al aire el muslo bello...
Tela de lana ligera y no cruzada, primitivamente fabricada en Barèges (Altos Pirineos), que sirve para hacer chales, vestidos, etc.
Diez esclavas a su vez, todas lindas, todas fieles, la engalanan con joyeles, y ella dice a todas diez: "Dadme velos, plumas gualdas, y esmeraldas que reflejan verde luz, del Tíbet los leves chales, y corales del profundo mar de Ormuz.
Venid, y mal prendidos Los velos y los chales, Prodiguen, liberales, La luz de vuestra tez; Los ondulantes rizos Flotando por la espalda, La mal ceñida falda Mintiendo desnudez.
Se bajaba a almorzar y a comer, con abrigo; las señoras se envolvían en sus chales y mantones; a cada momento se oía una voz imperativa, que gritaba: -¡Cierre usted esa puerta!
Aquel moro que promete con altivez mahometana en su oculto gabinete dar a una esquiva cristiana, riquísimos terciopelos y perfumes orientales, de Grecia cautiva velos y de Cachemira chales...