cerote


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cerote

(Del gr. kerote < keros, cera.)
1. s. m. Mezcla de pez y aceite o cera usada por los zapateros para encerar el hilo de coser.
2. coloquial Sensación de miedo el tremendo cerote que sintió le paralizó el entendimiento.
NOTA: También se escribe: cerapez

cerote

 
m. art. y of. Mezcla de pez y cera que usan los zapateros para encerar los hilos con que cosen el calzado.
Sinónimos

cerote

sustantivo masculino
Traducciones

cerote

turd, wax

cerote

cerote

cerote

cerote

cerote

cerote

cerote

cerote

cerote

SM
1. (Téc) → wax, shoemaker's wax
2. (= miedo) → panic
3. (CAm, Méx) (= excremento) → piece of human excrement, stool
estar hecho un cerote (Andes) tener cerote (Cono Sur, Méx) → to be covered in muck
Ejemplos ?
azón, y no poca, tenía el señor Pepe el Cerote para sentirse con la boca un tantico amarga en el momento en que lo sacamos a relucir, que sabido es que nunca supieron a nadie a azúcar de pilón, ayunos de los que nada tienen que ver con los que la Iglesia impone, y la mañana a que nos referimos en vano exploraron los ojos de nuestro ya casi caduco protagonista los rincones donde, cuando el día anterior había tenido el matrimonio algo con que hacer por la pícara existencia, solía encontrar también algo en que emplear, de modo gratísimo, sus desdentadas encías.
Yo, desde aquel punto y hora, perdí la chaveta y los papeles y empecé a tirarle er cerote a aquella maravilla, y ya te arruyo por aquí, ya te arruyo por allí, y como dice bien la copla «que una piedra se quebranta a juerza de darle golpes», lo que pasa, se ablandó una miajita y púe platicar una noche con ella, y platicando, platicando, me dijo que ella había ensoñao que había de casarse con un torero y no con uno de los de chaira; que yo le jacía una miajita de clase y que era un dolor que yo no fuese banderillero tan siquiera.
l tío Cerote era un zapatero remendón, que siempre andaba a la greña con su mujer, vieja, fea, negra y más seca que las llares del hogar.
Y sin detenerse el anciano a oír lo que el Sincamisa pudiera contestarle, se dirigió hacia el extremo de la calle, donde ya, sentado frente a su mesilla de trabajo, luchaba denodadamente el señor José el Cerote por conquistar el tan codiciado desayuno.
Tras de la puerta de la barbería ó al pi6 de la mesita de trabajo, y entre el cerote, las hormas y el tirapié, estaba amarrado el malatobo, el ajiseco el cenizo 6 el cazili.
El Cerote, que en aquellos momentos dedicábase a encerar un cabo, apenas si se dignó mirar a su compadre por encima de las gafas, que cabalgábanle sobre la acaballada nariz.
No se dio por ofendido el Pimporrio por la descortés acogida del Cerote, y después de colgar el sombrero del espaldar de una silla, sentóse en ésta, y sin decir oxte ni moxte, echó manos a la roñosísima petaca que aquél había colocado, como siempre, entre los útiles del oficio.
-Como que yo creo que si ahora se muere más gente en el barrio no es por mo de lo que corre, sino por mo de esa gachí, que descoyunta a to aquel en quien clava sus ojitos, que paecen que se lo barnizan con rayos de sol toítas las mañanas trempano. -¡Camará, y a ese estrupisio de hermosura quiées tú que yo le tire el cerote!
En vano exploró -repetimos- aquellos rincones y convencido de lo estéril de su busca tornó los dolientes ojos el tío Cerote a la señá Rosario, su apergaminada consorte, y díjole con acento tristísimo y con profunda expresión de desaliento: -Güena mañanita, chavó, güena mañanita, señá Rosario.
-Pero qué querrás tú, don Cerote -exclamó la vieja incorporándose bruscamente con los ojos chispeantes de indignación- si querrás tú que con tres riales que me diste por Pentecosté y entre ellos una perra gorda con tosferina, te tenga yo a pasto y a toas horas bizcochos, mostachones y chocolate de la Riojana; ¡pos ni que estuvieras pagando un pupilaje en el Recreo!
Maús de bocací trujo griguiesco, cuera de cordobán, gorrón tudesco, y de negro, con mucha bizarría, Zurrón, gato mirlado, de medias y de estómago colchado; Ranillos, que bajó de Andalucía, de conejo en conejo, por la Sierra Morena, a ver del Tajo la ribera amena, con el cano Alcubil, su padre viejo; Gruñillos y Cacharro, la nata y flor del escuadrón bizarro; Marrullos y Malvillo, uno de raso azul y otro amarillo; Garrón, Cerote y Burro, gatos de un zapatero...
El Cerote miró a su compadre de modo iracundo; su compadre era un tostón y un malahora, que lo sacaba de tino con su sonrisita siempre zumbona y con el retintín con que siempre le hablaba, y el día menos pensado iba a ocurrir en su portal una cosa estupenda.