Ejemplos ?
Al igual que otras razas ibéricas, el cuello es ancho en su base y su talle, pero algo fino en la inserción con la cabeza; igualmente, la cruz es destacable y sus formas generales son bastante redondeadas. La cola es de inserción alta y está cubierta de abundantes crines, al igual que el cuello, pero carece de cernejas en las patas.
Se trata de un caballo verdadero, y no un poni, de características similares a otras razas procedentes del tronco del norte de la península ibérica. En líneas generales recuerda al caballo losino, pero es más masivo que este y presenta cernejas en los tarsos.
Otra técnica de trabajo del esparto crudo es el "esparto enredado" o "punto de capacho", en esta técnica se van trenzando tres ramales, dejando siempre uno suelto que luego sirve para unirse al resto, de forma que no necesita coserse, se obtienen así los cofines o capachas que se empleaban en las almazaras para contener la pasta de la aceituna y las caracoleras o cachuleras que se emplean en el sureste ibérico para coger caracoles. Con el esparto picado se hacen trenzados de cinco o siete ramales, llamados "recinchos" o "cernejas".
Las dos puntas y las dos cernejas significan la ciencia de los dos Testamentos que el pontífice debe poseer. Aparece a veces sobre el blasón mismo: De azur a una mitra de plata, acompañada de tres flores de lis de oro, que es de Saintonge.
La tiara es una cofia extra-litúrgica del Papa, que la portaba en la ocasión de grandes solemnidades y sobre todo de los cotejos. Es un sombrero de plata en forma de cono ovoide, rodeado de tres coronas de oro de la cual penden dos cernejas de gules.
Es una cofia de dos puntas (que aparecen confundidos en las vistas de frente), y dos cernejas o bandas que recaen en los hombros.
ntre los sueltos caballos de los vencidos Zenetes, que por el campo buscaban, entre lo rojo lo verde, aquel español de Orán un suelto caballo prende, por sus relinchos lozano y por sus cernejas fuerte para que lo lleve a él y a un moro cautivo lleve, que es uno que ha cautivado, capitán de cien Zenetes.
— ¡Juro a diez, más es la mía! — La mía tiene buen hato, buen copetón de cernejas; en ojos y en sobrecejas nadie le llega al çapato.
El resto del siglo XIX ha insistido demasiado sobre la concepción de los pueblos como realidades anatómicas, físicas, bestiales, que cruzan la historia a la carrera mientras las ideas son saetas que un saetero ideal les va clavando entre las cernejas de los flancos.