cerezo

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cerezo

(Derivado de cereza.)
1. s. m. BOTÁNICA Árbol frutal rosáceo, de hoja caduca, flores grandes y blancas y fruto comestible.
2. Madera de este árbol, de color castaño y textura fina que es apreciada en ebanistería.
3. cerezo aliso BOTÁNICA Arbusto o pequeño árbol rosáceo, de hoja caduca, aovada, flores pequeñas blancas y fruto en drupa pequeña, globosa y de sabor amargo que se cultiva también en jardines.
4. cerezo de los hotentotes BOTÁNICA Celastro, planta arbustiva.
5. cerezo silvestre o merizo BOTÁNICA El que tiene frutos pequeños y negruzcos, con carne tierna, azucarada y un poco amarga.
NOTA: Nombre científico: (Prunus avium.)

cerezo

 
m. bot. Árbol de la familia rosáceas (Prunus avium), hojas simples y dentadas, flores blancas y fruto en drupa pequeña, globulosa, encarnada y dulce.

cerezo

(θe'ɾeθo)
sustantivo masculino
1. botánica árbol frutal de tronco liso y flores blancas plantar un cerezo
2. madera del árbol usada en ebanistería mobiliario de cerezo
Sinónimos

cerezo

sustantivo masculino

cerezo silvestre sustantivo masculino durillo, cornejo, corno, sangüeño, sanguino, sanguiñuelo.
Traducciones

cerezo

cherry

cerezo

ciliegio

cerezo

Череша

cerezo

樱桃

cerezo

櫻桃

cerezo

Třešeň

cerezo

Cherry

cerezo

Cherry

cerezo

SMcherry tree
Ejemplos ?
En los cerezos no sólo había cuajado, sino que rojeaba con brillanteces de pulido coral, y los mirlos silbaban en las últimas ramas, burlonamente, riéndose de quien pretendiese estorbarles el disfrute de aquellos granos rellenos de almíbar un poco agrio...
Y creyendo invadidos por el hielo aquellos pies tan lindos, desdoblando mi manta zamorana, que tenía más borlas verde y grana que todos los cerezos y los guindos que en Zamora se crían, cual si fuese una madre cuidadosa, con la cabeza ya vertiginosa, le tapé aquellos pies, que bien podrían ocultarse en el cáliz de una rosa.
Un claro arroyo, cuyas aguas, más frescas y abundantes en verano por la derretida nieve, en varias acequias se repartían, regaba la huerta, donde se daban flores y hortalizas. En la ladera, almendros, cerezos y otros árboles frutales.
Se puso en pie y estuvo muchas horas contemplando la hermosa ribera verde, hasta que llegó frente a un gran jardín plantado de cerezos, en el que se alzaba una casita con extrañas ventanas de color rojo y azul.
Crecían allí todas las flores imaginables; las propias de todas las estaciones aparecían abiertas y magníficas; ningún libro de estampas podía comparársele. Margarita se puso a saltar de alegría y estuvo jugando hasta que el sol se ocultó tras los altos cerezos.
Ovejas apacibles que sestean a la sombra de las hayas; tórtolas gemebundas sepultadas en la frondosidad de los cerezos; ruiseñores que de cada mirto hacen una caja de música divina; arroyuelos vivaces que van saltando por los guijos de su lecho, y otras de estas, eran el asunto de Meléndez.
Arboles.- Los arboles silvestres que la tierra produce y cría de suyo son: Algarrobos, Morales, Caimitos, Pincaes, Palo Santo, Sauces, Laureles, Guabos, Guanábanos, Cerezos, Hovos, Ciruelos, Silvestres Algarrobos.- Los Algarrobos y Morales se llaman así por semejanza a los árboles que con estos nombres son conocidos en España.
Frente al quiosco, apoyada en la tapia, flanqueada de cerezos en flor, cuyas negras, desnudas y lisas ramas salpicaban estrellas carmesíes, una fontana, un hilo de agua recayendo en concha gigantesca, emperlaba el aire con su cántico de cristal fino.
Tiró calle arriba, hacia su casa, no tanto por buscar el almuerzo, cuanto por guardar el regalo y contarle a su madrina la estupenda historia. Vivian por Las Aguas, en esa barriada que se extiende falda arriba, entre eucaliptus y cerezos, como banda dispersa de perdices.
Tembloroso, sólo pudo contestar entrecortadamente: –Por los arrozales sagrados de Kay-Pen, por las sabias máximas de Confucio, por los crepúsculos rosados de Hayty, por todos los cerezos en flor de los Siete cielos, por los colmillos del elefante gordo de Buda, oh, ¿cómo puedes concebir, gran general y padre y jefe mío, que yo pueda conspirar contra la estabilidad del magnánimo y sabio Chin-Kau, a quien le acabo de pedir un puesto para uno de los míos?
Otro es de árboles desfigurados, que dan la fruta pobre, porque les quitan a las ramas su libertad natural. Dentro de un cercado de cañas están los lirios y los cerezos del Japón, en sus tibores de porcelana blanca y azul.
Diego López de Zúñiga y Velazco, conde de Nieva y señor de las villas de Arnedo, Cerezos y Arenzanas, no excedió de tres años, y habría pasado sin dejar la menor huella en la historia, sin el misterioso y romancesco fin que cupo a este virrey.