cereza


También se encuentra en: Sinónimos.

cereza

(Del lat. vulgar ceresia < lat. cerasium.)
1. s. f. BOTÁNICA Fruto del cerezo, redondo, de unos dos centímetros de diámetro y de color rojo más o menos vivo u oscuro.
2. adj./ s. m. Se aplica al color rojo oscuro el vestido es de un cereza intenso.
3. s. f. METALURGIA Grado de incandescencia de algunos metales en el cual tienen un color rojo vivo o rojo cereza.
4. Amér. Central y Merid. Cáscara del grano de café separaron la cereza antes de meter el café en sacos.
5. cereza criolla Colomb. BOTÁNICA Capulí, árbol rosáceo.
6. cereza de alfiler BOTÁNICA Cerezo silvestre americano.
7. cereza garrafal BOTÁNICA La que es de gran tamaño y pulpa muy consistente.
8. cereza gordal BOTÁNICA Variedad de la roja, rosada o blanca, de carne sólida y azucarada.
9. cereza picota BOTÁNICA Clase de cereza de gran tamaño, dura, con forma de pico en la parte opuesta al rabo, que se presenta sin rabo en el mercado.
10. cereza póntica BOTÁNICA Guinda, fruto del guindo.
NOTA: Nombre científico: (Prunus pennsylvanicus.)

cereza

 
f. bot. Fruto del cerezo.
metal. Grado de incandescencia de algunos metales que toman un color rojo vivo.
Color rojo oscuro de algunos minerales.

cereza

(θe'ɾeθa)
sustantivo femenino
botánica fruto pequeño de piel roja y pulpa jugosa ordenar unas cerezas con crema
Sinónimos

cereza


cereza póntica sustantivo femenino guinda.
Traducciones

cereza

cherry, cerise

cereza

Kirsche

cereza

cerise

cereza

ciliegia

cereza

cereja

cereza

třešeň

cereza

kirsebær

cereza

kirsikka

cereza

trešnja

cereza

サクランボ

cereza

버찌

cereza

kers

cereza

kirsebær

cereza

körsbär

cereza

ผลเชอร์รี่

cereza

kiraz

cereza

quả anh đào

cereza

樱桃

cereza

Череша

cereza

櫻桃

cereza

SF
1. (= fruta) → cherry
un jersey rojo cerezaa cherry-red jumper
cereza silvestrewild cherry
2. (LAm) (= cáscara) → husk of coffee bean
Ejemplos ?
Fui a besarle; pero ella se cubrió sus labios de cereza con las manos y dijo que ya no era una niña, y entró corriendo en la casa, riéndose más fuerte que nunca.
De pronto un delicadísimo perfume anunció su presencia; una puerta lateral se abrió y me encontré ante una mujer de rostro aniñado, liviana melenita encrespada junta a las mejillas y amplio escote. Un velludo batón color cereza no alcanzaba a cubrir sus pequeñas chinelas blanco y oro.
Era una especie de enanito, barrigudo, de redondeadas y menudísimas formas, vistiendo jubón de raso cereza y pantalones bombachos, atavío semejante al de los músicos de alguna jazz band exótica.
Su marido, que era hilandero, se enfureció con aquel torpe, y mientras ella se limpiaba con su pañuelo las manchas de su hermoso vestido de tafetán cereza, é1 murmuraba con tono desabrido las palabras de indemnización, gastos, reembolso.
El Señor, de rato en rato, metía la mano en la manga y llevaba a la boca una cereza; y como quien no quiere la cosa, al descuido y con cuidado dejaba caer otra, que San Pedro sin hacerse el remolón se agachaba a recoger, engulléndosela en el acto.
Después de arrodillarse frente a la cruz de los ahorcados (cruz que como curiosidad histórica se conserva hoy en uno de los salones de la Biblioteca Nacional) y recibir del franciscano, que lo auxiliaba para pasar el mal trago, la postrera bendición, quedó nuestro negrito entregado al jinete de gaznates, que estaba esa mañana más borracho que guinda en alcohol o cereza Parrinello, y que, por ende, había descuidado ensebar la cuerda y ensayar la escurridiza o lazada.
Súbitamente la cara redonda y carrilluda del noble panzón se ruborizó pálida, y luego se iluminó pastosa hasta un lustroso rojo cereza radiante.
Sea usted inflexible, como el Ruy Gómez del Hernani, y no se deje engatusar por las marullerías de unos labios de cereza y los guiños de unos ojos negros.
Me gusta alguna vez la buena copa de Oporto, y más que todo la cerveza, se entiende si es del norte de la Europa; Me gusta toda clase de impresiones, me gustan el durazno y la cereza...
En otra silla está la loza, mucha loza y muy fina, y en cada plato una fruta pintada: un plato tiene una cereza, y otro un higo, y otro una uva: da en el plato ahora la luz, en el plato del higo, y se ven como chispas de estrella: ¿cómo habrá venido esta estrella a los platos?: «¡Es azúcar!» dice el pícaro padre: «¡Eso es, de seguro!»: dice la madre, «eso es que estuvieron las muñecas golosas comiéndose el azúcar».
Pues, señor, es el caso que, Dios sabe cómo, el leño de mi cuento fue a parar cierto día al taller de un viejo carpintero, cuyo nombre era maestro Antonio, pero al cual llamaba todo el mundo maestro Cereza, porque la punta de su nariz, siempre colorada y reluciente, parecía una cereza madura.
¡No me des tan fuerte! ¡Figuraos cómo se quedaría el bueno de maestro Cereza! Sus ojos asustados recorrieron la estancia para ver de dónde podía salir aquella vocecita, y no vió a nadie.