cerúleo

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cerúleo, a

(Del lat. caeruleus < caelum, cielo.)
adj. literario Se aplica al color azul, en especial al referirse al cielo o al mar sus cerúleas pupilas se clavaron en él.

cerúleo, -a

 
adj. Díc. del color azul del cielo despejado, de la alta mar o de los grandes lagos.
Sinónimos

cerúleo

, cerúlea
adjetivo
azul.
Se aplica al color azul del cielo despejado, de la alta mar o de los grandes mares.
Traducciones

cerúleo

Cerulean

cerúleo

Ceruleo

cerúleo

Cerulean

cerúleo

Cerulean

cerúleo

Cerulean

cerúleo

Cerulean

cerúleo

Cerulean

cerúleo

Cerulean

cerúleo

ADJ (liter) → cerulean (liter), sky blue
Ejemplos ?
Por su aspecto general, el fondo debió de cubrirse previamente de una capa cerúlea sobre la cual se sobrepondrían después los objetos y las figuras; el cielo y el mar dejan entrever gran parte de esa tonalidad.
Los conos (estróbilos) tienen forma de baya, de 7 a 12 mm de diámetro, negro azulados y recubiertos por una capa cerúlea de color blanquecino.
Llegó, en efecto, el Sol cerrando el giro que esculpió de oro sobre azul zafiro: de mil multiplicados mil veces puntos, flujos mil dorados --líneas, digo, de luz clara--, salían de su circunferencia luminosa, pautando al Cielo la cerúlea plana; y a la que antes funesta fue tirana de su imperio, atropadas embestían: que sin concierto huyendo presurosa --en sus mismos horrores tropezando-- su sombra iba pisando, y llegar al Ocaso pretendía con el (sin orden ya) desbaratado ejército de sombras, acosado de la luz que el alcance le seguía.
Alborozado con tan alta honra y con el don de la diosa, no se harta Eneas de mirarle, y examina cada prenda una por una, lleno de asombro; coge y revuelve en sus manos el terrible y penachudo yelmo, que vibra llamas, la mortífera espada, la recia loriga de bronce, roja como la sangre, enorme, semejante a la cerúlea nube que inflaman los rayos del sol y esparce a lo lejos sus resplandores; luego contempla las ligeras grebas de plata y oro, y la lanza y la maravillosa obra del escudo.
Como cae de las nubes la nieve o el helado granizo, a impulso del Bóreas, nacido en el éter; tan rápida y presurosa volaba la ligera Iris; y deteniéndose cerca del ínclito Poseidón, así le dijo: —Vengo, oh Poseidón, el de cerúlea cabellera, a traerte un mensaje de parte de Zeus, que lleva la égida.
El mar, no ya alterado, ni aun la instable mecía cerúlea cuna donde el Sol dormía; y los dormidos, siempre mudos, peces, en los lechos lamosos de sus obscuros senos cavernosos, mudos eran dos veces; y entre ellos, la engañosa encantadora Alcione, a los que antes en peces transformó, simples amantes, transformada también, vengaba ahora.
Replicó la veloz Iris, de pies veloces como el viento: —¿He de llevar a Zeus, oh Poseidón, el de cerúlea cabellera, una respuesta tan dura y fuerte?
Náutica industria investigó tal piedra, que, cual abraza yedra 380 escollo, el metal ella fulminante de que Marte se viste y, lisonjera, solicita el que más brilla diamante en la nocturna capa de la esfera, estrella a nuestro Polo más vecina; 385 y, con virtud no poca, distante le revoca, elevada la inclina ya de la Aurora bella al rosado balcón, ya a la que sella, 390 cerúlea tumba fría, las cenizas del día.
Ni el panteón profundo --cerúlea tumba a su infeliz ceniza--, ni el vengativo rayo fulminante mueve, por más que avisa, al ánimo arrogante que, el vivir despreciando, determina su nombre eternizar en su ruina.
En tanto pues que el palio neutro pende 1065 y la carroza de la luz desciende a templarse en las ondas, Himeneo, por templar en los brazos el deseo del galán novio, de la esposa bella, los rayos anticipa de la estrella, 1070 cerúlea ahora, ya purpúrea guía de los dudosos términos del día.
Él, admirando el venerable don de la rama fatal, que no había visto hacía mucho tiempo, da vuelta a la cerúlea barca y se acerca a la orilla, haciendo que despejen el fondo las sombras que lo ocupaban, y las que iban sentadas en los largos bancos, al mismo tiempo que recibe en ella al grande Eneas.
Arrójale la diosa una de las culebras de su cerúlea cabellera y se la clava en lo más hondo de las entrañas, a fin de que, hostigada por ella, alborote con sus furias todo el palacio.