cerúleo


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cerúleo, a

(Del lat. caeruleus < caelum, cielo.)
adj. literario Se aplica al color azul, en especial al referirse al cielo o al mar sus cerúleas pupilas se clavaron en él.

cerúleo, -a

 
adj. Díc. del color azul del cielo despejado, de la alta mar o de los grandes lagos.
Sinónimos

cerúleo

, cerúlea
adjetivo
azul.
Se aplica al color azul del cielo despejado, de la alta mar o de los grandes mares.
Traducciones

cerúleo

Cerulean

cerúleo

Ceruleo

cerúleo

Cerulean

cerúleo

Cerulean

cerúleo

Cerulean

cerúleo

Cerulean

cerúleo

Cerulean

cerúleo

Cerulean

cerúleo

ADJ (liter) → cerulean (liter), sky blue
Ejemplos ?
Al brillar ante Dios la luz primera, En su cristal sereno La reflejaba tu cerúleo seno: Y al empezar el mundo su carrera, Fue su primer vagido, De tus hirvientes olas agitadas El solemne rugido.
En tanto que pasaban estas cosas, y el gato en sus amores discurría con ansias amorosas (porque no hay alma tan helada y fría, que Amor no agarre, prenda y engarrafe), Y el más alto tejado enternecía, aunque fuesen las tejas de Getafe, y ella, con ñifiñafe, se defendía con semblante airado, aquel de cielo y tierra monstro alado que, vestido de lenguas y de ojos, ya decrépito viejo con antojos, ya lince penetrante, por los tres elementos se pasea sin que nadie le vea, con la forma elegante de Zapaquilda discurrió ligero uno y otro hemisfero, aunque con las verdades lisonjera, y en cuanto baña en la terrestre esfera, sin excepción de promontorio alguno, el cerúleo Neptuno...
Cientos de altivos reflectores de publicidad cinematográfica garabateaban irreverentes con sus rayos de láser, el brumoso espacio cerúleo que se veía ribeteado de abundantes, enormes y sucios nubarrones.
XXIX Al mayor ministerio proclamado de los fogosos hijos fue del viento, que al Betis le bebieron ya el dorado ya el cerúleo color de su elemento.
Pero en tantos triünfos y vitorias, la que más te sublima y esclarece, de Cristo ô ecelso capitán, Fernando, y remata la cumbre de tus glorias, con qu' a la eternidad tu nombre ofrece; es, que peligros mil sobrepujando, bolviste al sacro vando, y a la cristiana religión traxiste esta insine ciudad y generosa; qu' en cuanto Febo Apolo de luz viste, y ciñe la grande orla espaciösa del mar cerúleo, no se vê otra alguna de más nobleza y de mayor fortuna.
Embrazó después el labrado escudo, fuerte y hermoso, de la altura de un hombre, que presentaba diez círculos de bronce en el contorno, tenía veinte bollos de blanco estaño y en el centro uno de negruzco acero, y lo coronaba la Medusa, de ojos horrendos y torva vista, con el Terror y el Fobo a los lados. Su correa era argentada, y sobre la misma enroscábase cerúleo dragón de tres cabezas entrelazadas, que nacían de un solo cuello.
No es el risueño Egeo que circundan Cual ceñidor las Cícladas marmóreas; Ni el golfo que con dórica armonía De Nápoles arrulla a la Sirena Cabe la sacra tumba de Virgilio; Ni el vago azul de la marina Jonia; Sino el Ponto que azota a Caledonia, Y roto entre las Hébridas resuena, Titán cerúleo que a la yerta gente Hace temblar en la postrera Tule, Y cabalga entre nieblas y borrascas Sobre el inmenso Leviatán, que nutre Con pestífero aceite la candela Del céltico arponero.
Yo soy el cerúleo Tíber, río el más querido del cielo, el que, como ves, ciñe estas riberas con abundosa corriente y cruza esas pingües campiñas.
El sol, de eterna majestad vestido, que nace en calma allá en el océano, cuando, como de amor estremecido, palpita y se alza su cerúleo llano; cuando bullente mar de oro fundido su faz semeja; y su vapor liviano flota en los aires, y escalando el monte, desvanece el perfil del horizonte; cuando, en las altas cúspides quebrados, hieren los dardos de oro las montañas...
Vuela ligero por la superficie del piélago en su cerúleo carro, humíllanse las olas, la turgente superficie se allana bajo el tonante eje, y huyen del cielo las nubes.
Habíala representado el ignipotente, pálida ya de su próxima muerte, huyendo en medio del estrago, a impulso de las olas y del céfiro; y en frente de ella la grande imagen del Nilo, llorando y abriendo sus siete bocas, desplegando sus anchas vestiduras, llamaba a los vencidos a su cerúleo regazo, a los recónditos abismos de sus corrientes.
Siempre gocé en tu aspecto, ya te viera desde firme ribera contrastar por tu estruendo y movimiento con el callado inmóvil elemento; y recreado, en tanto que en la orilla tu espuma se dilata, orlar te mire tu cerúleo manto con rica fimbria de luciente plata; ya, lejos de tus playas, habitador de trémulo navío, te viera en torno mío, ir a perderte en el inmenso cielo, cual si él te limitase por do quiera, y todo mar el universo fuera.