Ejemplos ?
¿Y ese pueblo de hombres trotones es el que levantó las pagodas de tres pisos, con lagos en los patios, y casas para cada dios, y calles de estatuas; el que fabricó leones de porcelana y gigantes de bronce; el que tejió la seda con tanto color que centellea al sol, como una capa de brillantes?
Piérdese la deslumbrada vista en un océano de luces, de flores, de cintas, de diamantes, de gasas, de plumas, de condecoraciones, de guantes blancos, de hombros desnudos, de calvas relucientes, de trenzas de oro, de azabache, de sonrisas, de gestos, de miradas... Todo bulle, gira, choca, centellea...
Acércanse entre tanto a los muros el ejército troyano y los capitanes etruscos y toda la caballería, formada en escuadras; hierve el campo todo en briosos corceles, que revolviéndose aquí y allí, van tascando el freno que los oprime; erízase el llano a lo lejos de ferradas lanzas, y todo él centellea con las puntas de las armas.
No corre ni una ráfaga perdida que temple de la atmósfera el bochorno, y el aura de la tierra desprendida, exhalada parece de algún horno: y dijeran que humea próxima a vomitar la oculta llama, si el relámpago pronto centellea y el ronco trueno en las alturas brama.
Va tendido fuera de la toldilla, sobre su cobija, y finge dormir; pero ni el patrón ni los palanqueros lo pierden de vista. Un sol cegante, de mediodía llanero, centellea en las aguas amarillas del Arauca y sobre los árboles que pueblan sus márgenes.
Así es que bien trasijada se retira la infeliz, echando por la nariz como suero de cuajada. Un ojo le lagrimea, del aire, dice Garvizo; que para él es un hechizo otro que le centellea.
De tu sol un reflejo centellea Del jonio mar en las risueñas ondas El mármol del Pentélico ilumina, Resplandece en el ágora de Atenas, Y el Cronios rey de tu cantar augusto A Fidias sirve de ejemplar sereno Para labrar la olímpica cabeza.
ntonces Palas Atenea infundió a Diomedes Tidida valor y audacia, para que brillara entre todos los argivos y alcanzase inmensa gloria, e hizo salir de su casco y de su escudo una incesante llama parecida al astro que en otoño luce y centellea después de bañarse en el Océano.
Y a pesar de las mil probabilidades contra una que el desertor (tal es la designación consagrada por el uso) tiene de perecer, el sueño del mártir de los yerbales es evadirse, ganar la frontera o los campos, la región libre que centellea a cincuenta, a cine, a ciento cincuenta leguas de distancia...
-le contestaba su esposa; y luego decía en voz baja-: Anita, hermana mía, ¿ves algo? Su hermana respondía: -Sólo veo el sol que centellea y la hierba que verdea.
Dulce expresión le prestan y aspecto santo una cándida toca y un negro manto, y su pálida frente leve rodea una blanca aureola que centellea.
Sus señales las tubas habían dado, cuando de la barrera abalanzado uno y otro centellea y la suprema arena con rápido pie pizca: poder los creerías a ellos, con seco paso, rasar el mar, y de una mies cana, ella en pie, recorrer las aristas.