centauro


También se encuentra en: Sinónimos.

centauro

(Del lat. centaurus < gr. kentauros.)
s. m. MITOLOGÍA Animal mitológico mitad hombre y mitad caballo.

centauro

 
m. mit. Monstruo fabuloso, mitad hombre y mitad caballo.

centauro

(θen'tawɾo)
sustantivo masculino
ser mitológico mitad caballo y mitad hombre el centauro Quirón
Sinónimos

centauro

sustantivo masculino
hipocentauro.
Traducciones

centauro

Zentaur

centauro

Centaur

centauro

centauro

centauro

centaur

centauro

Centaur

centauro

Кентавър

centauro

קנטאור

centauro

Centaur

centauro

SMcentaur
Ejemplos ?
El último lo repetí dos veces: Era aquel divino soneto que evoca la figura de un centauro, sin cuerpo de corcel y con dos cabezas.
El caballo no bastaba a mis ansias, pero el hombre tampoco. ¡Oh, qué dicha la mía, cuando mis estudios me hicieron conocer al Centauro!
Conozca usted que sus banderillas iban mojadas con la sangre del centauro Quirón, o en la de la Hidra, y producen, por lo menos, como las de Hércules, a Filoctetes, largos padecimientos, terribles llagas, que sólo se borran con los restos y polvo del arma que hirió, semejantes a las que hacía la lanza de Aquiles.
Mi Centauro, sin dejar de estrecharme contra su pecho, vuelto el tronco humano hacia mí, galoparía al arrebatarme, y el furor de su carrera encendería más y más la pasión de nuestro amor, con el ritmo de los cascos al batir el suelo...
No tales hechos a los siglos cuente ni más que humanos tu altivez los nombre, que a vista de ventaja tan patente no hay quien de oírlos, sino tu, se asombre; y la que a pie peleaba juntamente, de ti invadida, con caballo y hombre, cual con monstruoso aterrador centauro, ceder debió de la victoria el lauro.
Hay quien sin freno en un corcel galopa, quien lento en asno va o en buey lo imita, hay quien sobre centauro en esta tropa o águila, o grulla o avestruz milita; quien cuerno en la boca trae, quien copa, quien macho o hembra es o hermafrodita: quien trae arnés o escala trae de esparto, quien lima, quien palanca en aquel parto.
El proceso psíquico correspondiente a la formación mixta en el sueño es, evidentemente, el mismo que se desarrolla en el estado de vigilia, cuando nos imaginamos un centauro o un dragón.
¡Que llegue, que llegue ya!; no se le detenga la multirremera nave hasta arribar a esta ciudad, dejando el isleño altar donde cuenta la fama está sacrificando. Vuelva de allí encendido en amor, derretido al empaparse en el hechicero conjuro, a nombre todo del centauro.
Yo, de cuantas prescripciones me dio la fiera aquella, el centauro, cuando le estaba matando la acerba flecha clavada en el costado, no olvidé ni una sola, todas las guardé en mi memoria como inscripción imborrable grabada en placa de bronce.
He aquí que llega, cubriendo sus hombros con sus rútilos cabellos, 635 la hija del Centauro, a la que un día la ninfa Cariclo, en las riberas de una corriente arrebatadora por haberla parido, llamó Ocírroe; no ella con haber aprendido las artes paternas se contentó: de los hados los arcanos cantaba.
El muchacho animoso, de inteligencia despierta y corazón ardiente —de quien tan orgulloso se mostraba el padre cuando lo veía jinetear un caballo cerrero y desenvolverse con destreza y aplomo en medio de los peligros del trabajo de sabanas, digno de aquella raza de hombres sin miedo que había dado más de un centauro a la epopeya, aunque también más de un cacique a la llanura, y en quien, con otros conceptos de la vida, cifraba tantas esperanzas la madre, al oírlo expresar sentimientos e ideas reveladoras de un espíritu fino y reflexivo—, se volvió obtuso y abúlico; se convirtió en un misántropo.
Este tal sobrino es un mancebo que ha recibido una educación de las más escogidas que en este nuestro siglo se suelen dar; es decir esto que sabe leer, aunque no en todos los libros, y escribir, si bien no cosas dignas de ser leídas; contar no es cosa mayor, porque descuida el cuento de sus cuentas en sus acreedores, que mejor que él se las saben llevar; baila como discípulo de Veluci; canta lo que basta para hacerse de rogar y no estar nunca en voz; monta a caballo como un centauro, y da gozo ver con qué soltura y desembarazo atropella por esas calles de Madrid a sus amigos y conocidos; de ciencias y artes ignora lo suficiente para poder hablar de todo con maestría.