cenobita


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cenobita

1. s. m. y f. RELIGIÓN Monje que vive en comunidad.
2. Persona que lleva una vida solitaria y apartada del trato con la gente.

cenobita

 
com. Persona que profesa la vida monástica.

cenobita

(θeno'βita)
sustantivo
1. religión monje que vive en monasterio Un cenobita vive en comunidad.
2. sociable persona que vive aislada El cenobita de tu primo nunca sale de casa.
Sinónimos

cenobita

cosustantivo masculino
Traducciones

cenobita

cenobita

cenobita

SMFc(o)enobite
Ejemplos ?
Oyeron ruido, la cabeza que comenzaba a sonreír desapareció tras de la tapia, y el galán comenzó a andar callejón abajo, como quien se pasea. Jesusa, que acababa de hacer su siestita, llamaba a Emerenciana para mandarla con un recado a misia Cenobita.
Era la hora del almuerzo; la chinita Ugenia trajo la sopera y Cenobita sirvió a Bermúdez, que, en cuanto probó la primera cucharada rezongó de mal modo: -Esta sopa está fría.
Al anochecer vuelvo a mi cuartujo de cenobita, y mientras espero que la sirvienta -una chica muy bruta y muy irritable- ponga la mesa, "sotto voce" canturreo Una furtiva lágrima, o sino Addio del passato o Bei giorni ridenti...
El sabio que en su cámara medita, en un confuso libro amarillento, las ideas que el sabio cenobita creó en la soledad de su convento, viendo que su honda creación gravita sobre su aventajado pensamiento, ambas razones balanceando, cede, y el renombre del sabio le concede.
Del cementerio a la iglesia, de la iglesia al cementerio, siempre en el mismo misterio, siempre en el mismo vagar, ni él ve al monje que a su reja asomado ora o medita, ni se cura el cenobita su ocupación de acechar.
¡Y se deja castigar como una criatura! -se desgañitaba Cenobita, hecha una loca para picanear al marido- ¡Pero qué hacés, zopenco!
e aquí, textualmente, la versión de uno de los más ruidosos escándalos sociales de Pago Chico, oída de los veraces labios de Silvestre Espíndola, en el «mentidero» -como él le llamaba- de su botica: -Pero cuando Cenobita lo derrotó fiero al pobre Bermúdez fue el verano pasado.
Hacía un calor bárbaro, un viento norte de no te muevas; el gato en el suelo, hecho una rosca, dormía con un ojo, y Cenobita y su marido estaban de un humor de perros, como ya verán.
- II - Lejos del mundo y de su pompa vana, harto de juveniles devaneos, el polvo hollando que la raza humana encierra en sus placeres y deseos, renunciando su gala cortesana y de su clara estirpe los trofeos, en celda estrecha y solitaria habita un austero y humilde cenobita.
Ya estaban allí Cenobita y Tula con todas las Lunas -Clara, Blanca y Pura- la Tortorano y otras vecinas de fuste, lo que aumentó su timidez normal, aunque Emer lo recibiera casi con agasajo.
Las señoras comentaban todas a un tiempo las aventuras de la víspera, y daban simultáneamente sus pareceres, que nadie les pedía ni escuchaba, hasta que Cenobita Bermúdez, con voz tonante, dijo: -¡Si esto pasa es porque las mujeres no saben hacer como los hombres, agarrar un revólver o una escopeta y secar a tiros al que les ha faltado, aunque sea tanto así!...
-Sí, te repetiré hasta cansarme, que está fría, que está... Pero Cenobita no lo dejó concluir: -Pues si está fría, tomá, refrescate...