cencerro

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cencerro

(Voz onomatopéyica.)
1. s. m. Campana pequeña, cilíndrica y generalmente tosca que se cuelga del pescuezo del ganado. campano, carlanca, esquila
2. estar como un cencerro coloquial, despectivo Estar loco o majareta está como un cencerro, con el frío que hace y sale sin chaqueta.

cencerro

 
m. Campanilla cilíndrica, gralte. tosca, hecha con chapa de hierro o de cobre, que se ata al pescuezo de las reses.

cencerro

(θen'θero)
sustantivo masculino
campana pequeña de metal cencerro para reses
peyorativo estar loco Estás como un cencerro, con el frío que hace y sales sin abrigo a la calle.
Sinónimos

cencerro

sustantivo masculino
campano, esquila, zumba.
Campano y esquila, se utilizan especialmente cuando el cencerro es de forma acampanada; zumba es un cencerro grande.
Traducciones

cencerro

cowbell

cencerro

campanaccio

cencerro

cowbell

cencerro

Cowbell

cencerro

cowbell

cencerro

カウベル

cencerro

cowbell

cencerro

SMcowbell
a cencerros tapadosstealthily, on the sly
estar como un cencerroto be round the bend
Ejemplos ?
Fui pasando por estos y llegué a una parte donde estaba uno solo arrinconado, y muy sucio, con un zancajo menos y un chirlo por la cara, lleno de cencerros y ardiendo y blasfemando.
¡Y que sea posible que cuantas sandeces se refieren a éstas y paran en esta limitada potestad, el tamboril, las torres, los hombres castrados o galos, el furioso brincar y sacudir de miembros, el ruido de los cencerros, la ficción de los leones, puedan prometer a ninguno la vida eterna!
Decía ella: no dixera más pateta; yo he de hacer mi gusto, y esotro es cosa de morenos, y no quiero cuentos con serranos: y de una hasta ciento, que se descalzaban de risa de ver al viejo hecho de hiel; y á ella, que se iba á cencerros atapados, con un zurriburri refunfuñando.
Estos son los que por tanto tiempo han tenido y tienen tiranizado el teatro español; éstos los que empuercan diariamente los papeles públicos, y éstos, en fin, los que haciéndose intérpretes de la nación que los tolera, se han atrevido, al son de zambombas, chiflatos y cencerros, a llorar las desgracias de la patria en la pérdida de sus amados príncipes, y a interrumpir con desapacibles graznidos el común quebranto cuando la muerte arrebató al cielo al más piadoso de sus reyes, para levantar sobre el trono español al más grande de todos ellos.
El tintineo de las tazas de té se transformaría en el resonar de unos cencerros, y la penetrante voz de la Reina en los gritos de un pastor.
Por tomar autos y dar traslados a ninguno han ahorcado. Al que bueyes ha perdido, cencerros se le antojan. Quien tiene dinero pinta panderos.
La Prensa periódica de Madrid y de provincias, que desde septiembre acá parece una olla de grillos; que individual ni colectivamente no han logrado ponerse de acuerdo ni con su misma sombra, ha ofrecido el sin igual fenómeno de levantarse perfectamente unísona y concertada para pedir la separación de Figuerola para la gestión de Hacienda; para silbarle estrepitosamente y para renegar de sus impuestos, de sus liquidaciones y de sus empréstitos a cencerros tapados.
-Pos bien -exclamó la Rabicortona continuando el relato que comenzara el Cerote-, el Greñitas y el Azúcar estaban dambos a la vez más locos que cencerros por la Tururú, la que, dicho sea con perdón de ustedes, pa mí no es una mujer, sino un catite...
La Real Chancillería mantuvo al Concejo querellante en su derecho «de llevar su cabaña c on palos, pastores, perros y cencerros, a pacer las yerbas y beber las aguas, seleando y majadeando, a los sitios de Bus Cabrero, Bustamezán, Cueto de Espinas, etc., etc...» Idéntico y tan antiguo privilegio es el que disfrutan los demás Concejos sobre estos y otros puertos.
Una música fundida con balidos de corderos, con arrullos de palomas y mugidos de terneros, con chasquidos de la honda del vaquero silbador, con rodar de regatillos entre peñas y zarzales, con zumbidos de cencerros y cantares de zagales, ¡de precoces zagalillos que barruntan ya el amor!
Al amanecer del día de San Antonio se colocan los pastores con el toro y los perros en un punto convenido, acude a él cada vecino con el ganado que quiere enviar al puerto; y formada de este modo la cabaña, hala que te vas, comienza a marchar en busca de Peñalabra o Palombera, los cuales puertos no encuentra sino después de haber estado por espacio de tres días anda que te anda y sube que te sube, al son de los cencerros y al de los elocuentísimos jujeos y silbidos de los pastores.
El eco retozón de los cencerros acompañaba las apuestas y decires chalanescos, y la llanura parecía jadear ante aquel marcial y fanfarrón estrépito de trotes y de colleras, de fustas y de bocados.